La banda el Recodo y la intolerancia rockera

Es inevitable indignarse si un cover de nuestra banda favorita no es de nuestro agrado; pasa y seguirá pasando mientras las bandas hagan ese pequeño homenaje a sus influencias, gustos o porque creen que así se destacarán de mayor manera. Muchos comienzan tocando solo estos tributos para después evolucionar, sacar música propia, si siguen el camino del “éxito” y “pegan” sus rolas, serán covereadas de igual  manera ¿Qué tiene de malo eso?

Hace unos días surgió una absurda polémica por el cover que la banda El Recodo hizo a “Another Brick In The Wall” de Pink Floyd, en su presentación en el marco de la Semana de la Motocicleta en Mazatlán, Sinaloa. En redes sociales surgieron comentarios de todo tipo, como siempre, de diferentes niveles de escandalización, hasta un grado un tanto despectivo y clasista sobre tal hecho “indignante”.

Posts como “Gracias, arruinaron este clásico de clásicos”, “Esa canción es un himno y que estos la destrocen así, por favor que los demanden”, “dejen de denigrar la buena música” y más, defendiendo o atacando lo “indignante e inaudito” del asunto. En fin, entre tanta mentada de madre, descalificación a los músicos de la dichosa banda, plegarias para que se demande a la agrupación y demás situaciones un poco absurdas, la pregunta es: ¿Qué tiene de malo? ¿Se murió el rock que tanto defendemos a capa y espada?

No es tomar postura, es discernir ante un asunto sin relevancia y que solamente refleja la intolerancia de algunos grupos de fans de cierto tipo de música, que no son capaces de entender un contexto y una situación determinada y dejarlo así, como un hecho aislado. Es de “risa loca” leer comentarios peyorativos y denigrantes hacia una banda que lo único que hizo fue pseudocoverear una canción que ilusamente creyeron sería del agrado de los asistenes al evento, pero no pasó a más ¿o Roger Waters mostró su indignación al igual que sus fieles seguidores?

¿Dónde puede empezar la crítica y dónde puede convertirse en descalificación, insultos y alguno que otro sentir? Un punto de partida podría ser la pésima interpretación de la canción, que sí es de horrorizarse desde varios aspectos, pero no creo que los amantes del progresivo inglés acudan a un concierto tributo a Pink Floyd por la banda el Recodo, para escuchar su adaptación a la sección de metales que tan aclamada agrupación popular tiene, pues esto no pasará por una razón muy sencilla: a ellos no les interesa en lo más mínimo el tipo de público amante de tan trascendente grupo del siglo pasado.

Vivimos en un siglo donde la música popular –si, el rock es música popular muchachos ¿o no recuerdan el contexto en el que surgió?– está en constante cambio, mezcla, adaptación y apropiación, ya sea desde una lógica artística o de simple marketing y promoción. Cualquiera de las dos, si está bien argumentada, planeada, ejecutada, es coherente y tiene trascendencia, posiblemente sea tomada en cuenta por los múltiples actores de la industria musical. Ejemplo claro es la promoción a esta banda por el cover que hicieron hace unos días. Medios especializados, como portales y programas de radio, mencionaron el suceso en menor o mayor medida y desde diferentes posturas; si el objetivo era que se hablara de ellos, lo lograron, burlándose un poco de esa reacción “purista del rock”, pues hasta en los canales dedicados a lo trascendente en la escena musical independiente del siglo XXI se le dio un espacio.

Con toda proporción guardada, qué escandalo que Bostich y Fussible del Colectivo Nortec toquen con Wolfgang Flür, miembro fundador de Kraftwerk; seguramente este precursor de la música electrónica se indignó al saber que entre sus beats hay mezclas de música sinaloense y, más escándalo, que esta colaboración haya sido ¡en el Vive Latino!, donde de igual manera se presentan los Tigres del Norte, Los Ángeles Azules y Robert Plant, otro mítico inglés de la vieja guardia. Qué atrocidad que David Byrne, cantante y guitarrista de los extintos Talking Heads (el mismo que produjo varios discos junto a Brian Eno) haya experimentado con ritmos caribeños y que se haya atrevido a sacar un disco completamente de salsa llamado Rei Momo; qué horror que el último disco de Arcade Fire tenga influencias directas de ritmos haitianos; o que Damon Albarn haya mezclado el trip hop del primer disco de Gorillaz con la interpretación de los músicos cubanos Ibrahim Ferrer y Lázaro villa de la canción “Latin Simone”, entre otros muchos ejemplos que deambulan en el mundo del rock y sus derivados.

Que quede claro: no defiendo o aplaudo lo ocurrido con la banda el Recodo. Es una broma de mal gusto que cualquiera con un poco de coherencia y gusto por la música puede pasar por alto y no hacer tanto revuelo por algo insignificante. Como me dijo alguna vez un periodista precursor del periodismo musical en México [parafraseo]: “es gracioso que la gente que se autoproclama rockera critique que Los Ángeles Azules estén en el Vive Latino y que sea la presentación con mayor audiencia de la edición del festival rockero de México, cosa que dejó de ser hace mucho al parecer, y que a la gente la tiene sin cuidado, pues sigue siendo ‘éxito’ cada año”.

Coherencia ante todo y argumentos válidos ante cualquier situación, no sólo mentadas de madre ante un acontecimiento pasajero y de mal gusto; sólo eso se puede pedir a los “defensores de la música”.

@JRoilan