Romaphonic Sessions, un giro a la sencillez

Andrés Calamaro

Romaphonic Sessions

WM Spain; 2016

Si la prisa es enemiga de la perfección, la espontaneidad es su mejor aliada. Por que ni siquiera la mejor planeación puede garantizar el éxito: puede ser meticulosa y otorgarle la importancia necesaria a los detalles, pero en ocasiones no basta, porque el protocolo puede carecer del halo mágico de la inspiración. A veces las mejores cosas sólo pasan sin ser valoradas, pero también en algunas ocasiones, hay alguien dispuesto a darles su merecida dimensión; por ejemplo, Romaphonic Sessions, el nuevo material del argentino Andrés Calamaro.

Uno de los problemas capitales de todo artista es la sinceridad propia, aquella cualidad para descifrar cuando un tema posee elementos necesarios para dar el paso a la existencia material, y cuando lo preferible es esperar un nuevo golpe de inspiración. Igual de complicado es el proceso contrario: poder descubrir en sesiones casuales y sin mayor ambición, que el mismo gusto de ensayar, una nueva esencia que no merece ser olvidada, que exige volverse presente y tener la oportunidad de trascender.

La historia del álbum es sencilla; el trasfondo, lleno de casualidades mágicas. Romaphonic Sessions nace de un ensayo con el pianista Germán Wiedemer y la singular voz de Calamaro. Una tarde de reinvenciones en los estudios Romaphonic de Buenos Aires, los temas de Hugo Fattoruso, Litto Nebbia, Juanjo Domínguez, Antonio Serrano, Jerry González, de Los Rodríguez, y del mismo Calamaro, fueron reinventados: despojados de la complejidad instrumental para dar paso a nuevas esencias musicales.

En un primer momento, el encuentro musical no pasó de ser sólo un ensayo; se necesitó de un oído clínico para ver en las grabaciones el potencial armónico de ser dignificado en un álbum. Si la sesión fue la recreación de reuniones musicales de la década de los cincuenta donde la improvisación conformaba el único objetivo, ahora esa espontaneidad bastó para poder disfrutar de un material de diez canciones; temas reconfortantes en los que la sencillez de un piano logró mimetizarse con la ya característica voz del compositor argentino.

En esencia, se podría pensar que el Romaphonic Sessions no presenta mucho. Calamaro, un piano, y temas ya conocidos; sin embargo, se debe ubicar el material en su justa dimensión: no es un álbum para todos los oídos, cierto, es un disco que necesita de varias reproducciones para ofrecer su máximo, canciones que descubren su grandeza sólo a través del tiempo, pues sólo conseguirán madurar en momentos precisos, cuando el temple o la desgracia se adecue en sentimientos paralelos del escucha.

En el momento de la reproducción del álbum, pareciera que los ritmos suaves dominan el material, sin embargo, pronto se descubren explosiones momentáneas de crudeza donde interviene esa voz errante que sugiere que la perfección siempre termina por aburrir y que los equívocos vocales son la mejor metáfora para entender la vida misma. Es la característica voz del Salmón la que revitaliza la vigencia de la crudeza, que da giros en los temas y consigue convertir la sencillez en sofisticación.

Para adentrarse en el mundo que presenta el Romaphonic Sessions, una buena entrada puede ser “Mi Enfermedad”, reflejo de la mímesis entre Calamaro y Wiedemer y la capacidad de actualizar un tema clásico de Los Rodríguez. De igual forma “Paloma”, que se reinventa con un ritmo suave, totalmente diferenciada de su anterior versión eléctrica. Quizá sean estos dos referentes los que permitan tener un contacto más íntimo con el resto del álbum, posición siempre distinta dependiendo del escucha.

Se puede afirmar que Andrés Calamaro pertenece a un grupo consolidado de artistas, de esos que han tenido la capacidad de reinventarse sin pasar desapercibidos; y que una vez consagrados se han permitido experimentar sin riesgos, a sabiendas de tener un nicho fuerte que permanecerá atento a sus creaciones, o bien, recreaciones. Si bien el Salmón sale airoso en este material con un experimento bien logrado, la esencia indica que no es apto para todo el público: su construcción íntima va dirigida a un escucha familiarizado con el argentino, que entiende la dinámica del artista; a oídos de tradición calamaresca. Hecho que no limita al álbum, ni al Salmón, de sumar nuevos adeptos.

Tracklist

  1. Nueva Zamba Para mi Tierra
  2. Garúa
  3. Mi Enfermedad
  4. Biromes y Servilletas
  5. Los Aviones
  6. Milonga del Trovador
  7. Siete Segundos/ El Día que me Quieras
  8. Absurdo
  9. Soledad
  10. Paloma

@chriselmatas