Netflix y narrativa: otra presentación, ¿mismo contenido?

Netflix está de moda. En México, su auge es (casi) reciente —aunque llegó desde 2011— y tuvo el punto álgido cuando hace unos meses se estrenó Club de cuervos, la primera serie de habla hispana de la plataforma.

Mas la serie mexicana de Gaz Alazraki, director de la taquillerísima Nosotros los nobles, se quedó corta en comparación con otros Netflix Originals.  Mariana Treviño fue quien más brilló —y a quien más le sirvió para lograr el reconocimiento que no siempre da el teatro—; pero Luis Gerardo Méndez en plan-junior-eterno y la historia dejaron mucho que desear: ofrecieron sólo una telenovela realizada con harto dinero y mayor calidad audiovisual, y la no-censura sólo la aprovecharon para un par de escenas de desnudos.

Esto no es exclusivo de Club de cuervos. Con House Of Cards, primera ‘serie original’ de la empresa, la promesa Netflix pasó de una plataforma digital donde podías ver películas al instante a la instauración de un nuevo modelo de producción con mayor libertad creativa que la de las grandes cadenas televisivas. Pero, ¿sí? ¿Eso significó un cambio en la narrativa televisiva y todas las series netflixienses son obras maestras revolucionarias?

No. Como en cualquier producto, no importa la libertad que tengan los creadores, sino qué hacen con eso. Si en el modelo televisivo “normal” (por decirlo de alguna manera), incluso con la censura y cambios de horario o recortes de presupuesto, hay productores como Bryan Fuller que se han abierto camino y ofrecen relatos trascendentes, podríamos pensar que con menos trabas y más dinero deberían hacerse mejores cosas. Pero no es así y Netflix se ha dado cuenta.

Basta con ver el catálogo de la sección Originals para darnos cuenta que, aunque la primera tirada de la plataforma era ofrecer productos con una calidad narrativa mayor, tuvo que torcer un poco el brazo. ¿Por qué? Su público se ha ampliado mucho y deben tomar en cuenta las necesidades audiovisuales de cada sector. Y eso no es malo: si no escuchara a su audiencia, la perdería.

Por eso hay tanta variedad: desde Lilyhammer y Master Of None hasta Pompidou o Ricky Ricón, pasando por Hemlock Grove, Narcos, y por supuesto las marvelianas Daredevil y Jessica Jones.

Y ni siquiera cambió tanto el modelo productivo. Sí en cuanto a los formatos de salida y exhibición (como las series que estrenan todos sus capítulos de un jalón en vez de cada semana), pero el storytelling sigue teniendo las mismas bases que cualquier audiovisual. Por lo tanto, el éxito de las series, películas y documentales de estreno exclusivamente netflixiano se debe, obviamente, a sus creadores.

Por ejemplo, el guionista, director y productor Drew Goddard —quien desde Buffy la cazavampiros y Cloverfield tuvo notoriedad y recientemente escribió el libreto de The Martian (Operación rescate) — es la mente detrás de Daredevil, que acaba de estrenar segunda temporada. Tras más de una década desde la fallida adaptación cinematográfica del cómic, Goddard revitalizó al héroe ciego con una narración llena de referentes artísticos, y colores y secuencias de acción imposibles.

También con un diseño de producción destacable (y colorido) está Unbreakable Kimmy Schmidt, de Tina Fey y Robert Carlock —ambos responsables de 30 Rock y algunas temporadas de Saturday Night Live—, que cuenta la historia de una mujer rescatada de un búnker subterráneo en el cual un “pastor” de una secta apocalíptica la encerró por quince años. Dentro de esa trama cómica-fársica, Kimmy se busca a sí misma en Nueva York rodeada de personajes inverosímiles que te hacen carcajear.

Y qué decir de la mega cine-independiente Master Of None, de Aziz Ansari y Alan Yang (guionista de Date and Switch). Netflix ya había producido los stand-ups de Ansari, y en esta serie el comediante vertió sus rutinas en un formato serial que sale un poco de lo común por su duración y desenvolvimiento: es como una película dividida en diez capítulos. Además, su temática: el actor y guionista de ascendencia hindú (o india) busca romper con los estereotipos de la cultura india-americana. Todo con la ayuda de directores reconocidos en los festivales independientes, como James Pondsolt (The spectacular nowSmashed) . Master Of None es la prueba máxima de lo que esta Red de Películas puede ofrecer si se tiene un equipo creativo de calidad detrás.

Netflix nunca va a revolucionar la narrativa audiovisual. Quienes lo harán son las mentes detrás de cada serie, película o documental. Lo bueno de la plataforma de streaming  —y otras como Clarovideo, Hulu o Amazon Video— es que cada quien decide qué pagar y qué ver. Pueden elegir Ingobernable, la próxima propuesta latinoamericana con Kate del Castillo, o la cuarta temporada de House Of Cards. Y en eso la imberbe Blim debería ponerse las pilas: ofrecer de todo para todos, y no sólo las televisandeces de siempre; ¿quién pagaría por las típicas “comedias” del Canal de las Estrellas teniendo otras opciones?