The Idiot / Lust for Life. La saga berlinesca de Iggy Pop.

Iggy Pop

The Idiot / Lust for Life

RCA Records; 1977

Después del lanzamiento del apocalíptico Raw Power en 1973 y de la (segunda) separación de The Stooges, Iggy Pop tocó fondo. Su adicción a la heroína se acrecentó y tuvieron que pasar cuatro años para que iniciara su carrera como solista. El culpable de su recuperación y vuelta al escenario fue un tal David Bowie, quien no sólo era su mejor amigo y ángel personal, sino también quien había escuchado en The Stooges algo que a los demás se les había pasado.

Retrocedamos un poco. Quizá hoy todos sepamos que Iggy Pop es una leyenda, pero (por supuesto que) no fue siempre así. El camino fue largo y doloroso. Lo cierto es que ni el público ni la crítica pensaban de él como nosotros ahora. Los discos de The Stooges nunca fueron un exitazo de ventas ni se ganaron a la gente desde el principio. Claro que su sonido distaba mucho del rock psicodélico o del pop Motown que dominaban el gusto de los jóvenes en ese entonces.

Lo que The Stooges hacían era ruidoso y sonaba como la furia de Dios. Quizá sin saberlo, preparaban el camino para cosas venideras. Con el tiempo su sonido (y su rabia) fue imitado por otros y a Pop (¡qué “apellido”!) se le conoció como el padre del punk. Su trabajo cobró el reconocimiento debido años después, justo cuando Iggy Pop estaba ya a bordo de una nueva revolución musical que inspiraría a otros cuantos.

Habían pasado unas cuantas peleas callejeras y encarcelamientos cuando en 1976 Iggy llamó a David Bowie, quien ya había trabajado como productor en Raw Power. Pocos días después, ambos estaban subidos en un avión con destino a Europa, con la intención de trabajar juntos de nuevo (y de pasar un muy buen tiempo). El resultado sería el par de discos lanzados en 1977 bajo la firma de Iggy Pop, con sólo cinco meses de separación: The Idiot y Lust for Life. Dos discos que, como buen par de hermanos, llevan la misma sangre pero son diametralmente opuestos.

Bowie trabajaba en ese tiempo en su ya consabida y consagrada Trilogía de Berlín, conjunto de discos que unieron la experimentación electrónica de Eno, Kraftwerk y Neu! con la música pop. De esa trilogía, Low y Heroes fueron lanzados en 1977, mismo año que vio nacer al par de álbumes que hoy nos ocupa. Y, por la manera en que los cuatro álbumes fueron trabajados y los sonidos que los emparentan, incluso podemos hablar de una Tetralogía de Berlín 1977 de David Bowie.

Comencemos por el primero de los dos. The Idiot, grabado poco antes que Low, fue el incio no oficial del periodo berlinesco de Bowie, lo cual se deja escuchar desde el primer segundo. El acompañamiento para las letras de Iggy provenía mayormente de música compuesta por Bowie durante la era de Station to Station (1976), considerado un disco de transición entre su etapa soul (Young Americans) y su nueva tendencia electrónica (Iggy Pop diría poco después sobre The Idiot que era una cruza entre James Brown y Kraftwerk).

The Idiot (llamado así por la novela de Dostoyevsky) está guiado por un ritmo mécanico y coloreado por una instrumentación minimalista de corte electrónico. Alejado bastante del sonido duro de The Stooges, los sonidos de este álbum crean una atmósfera instrospectiva, acorde con las letras de Iggy. Cuando no se lamenta por sus ex compañeros de banda (“Dum Dum Boys”), está cantándole al desamor (“China Girl”, “Mass Production”) o haciendo alarde de destructivas noches de parranda (“Funtime”, “Nightclubbing”).

Éste es por mucho, el disco más oscuro de Iggy Pop, lo cual se siente en sonido y palabra, en música y voz. El canto de Iggy es grave, sutil y elegantemente desapasionado. Un croar profundo y seco, casi sin sentimiento, que nos hace sentir una pasión a la inversa, una que va siempre para abajo. La música tiene un sentimiento funk pero frío, robótico. Elementos que, tomando en cuenta la forma de vida de Iggy Pop en aquel momento, resultan conmovedores.

The Idiot no es el álbum con el que definirías el sonido de Iggy Pop. De hecho, sería el último en esa lista. Pero aunque sea el menos “iggyesco” de sus trabajos, es uno de los mejores. Claro que no fue exitoso, pero sentó precedentes importantes. Si Pop había parido al punk, ahora influenciaba a una nueva camada de artistas. “Funtime” parece adelantar la estética goth, mientras que “Mass Production” hace lo propio con el industrial. Y el disco en general, parece adelantar a una banda llamada Joy Division, que en aquél 1977 desdeñaba el purismo del punk para buscar nuevos caminos. No es ningún secreto que para las bandas post punk resultó imprescindible el trabajo berlinesco de Bowie, y The Idiot se encuentra muy adentro de tal remolino.

La historia con Lust for Life es algo diferente. Grabado éste antes de Heroes en 1977, está impregnado de un tono más “rockero”, menos introspectivo y deprimente que su antecesor. Y, a diferencia de su hermano mayor, sí tuvo éxito, tanto monetario como en el gusto de la gente. La portada con la cara sonriente de Iggy lo dice todo, a diferencia de la ambigua e inquietante portada de The Idiot.

Lust for Life tiene un ritmo más frenético, el cual quizá heredó del modo en que fue producido y realizado. Regresando de la gira promocional para The Idiot, Bowie y Pop decidieron ponerse a trabajar de inmediato en un nuevo álbum (¡qué año!). La nueva colaboración fue escrita, grabada y mezclada en solamente ocho días; como resultado, sobró una gran parte del presupuesto inicial, lo cual dividieron entre los dos (y que seguramente gastaron en cosas no muy saludables). Por supuesto que esta velocidad en la producción permea el sonido del álbum, así como se percibe una textura corrosiva, oxidada, casi barata (lo cual no resulta negativo de ninguna manera).

Si The Idiot parecía dominado por Bowie, en Lust for Life Iggy Pop tomó el liderato. Durante la semana que duró la realización no durmió prácticamente nada, con el propósito de no perder la competencia creativa ante el inglés. Esto provocó que el disco tenga menos experimentación y vaya más directo al grano, todo Iggy-style.

Las letras, eso sí, mantienen la línea oscura establecida en The Idiot, aunque esta vez tienen un dejo de esperanza. “Tonight” y “Turn Blue” tratan sobre el abuso de la heroína. “The Passenger” parece retratar la condición nómada del espíritu punk, aunque hay quien dice que está inspirada por el vampirismo cultural de Bowie. “Lust for Life” y su beat inicial que se ha vuelto marca registrada (supuestamente inspirado en un código morse de las fuerzas armadas) se volvieron un ícono sonoro de la cultura popular, y hasta dieron para revivir la carrera de Iggy Pop (otra vez) cuando fue incluida en el filme Trainspotting en 1966.

Iggy Pop, directa e indirectamente, dio nacimiento al punk con su trabajo en The Stooges. Con The Idiot inspiró a la camada post punk del lado oscuro; mientras que Lust for Life anunciaba ya la oleada new wave a la que se subirían New Order, Talking Heads y Blondie. Sin duda, estamos hablando de alguien importante. Y el hecho de haber tenido a una persona como David Bowie tan cerca sirvió de mucho. Estos dos álbumes son irrepetibles, y lo cierto es que Iggy nunca igualó su éxito artístico y crítico. Iggy Pop no siempre fue una leyenda, pero lo es en gran parte gracias a este par del gran 1977.