La chica fabulosa contra las pescadas

En los últimos años la tecnología ha ayudado a pequeños cineastas con grandes ideas a realizarlas; desde Lena Dunham y su ópera prima Tiny Furniture (’10) —filmada con Canon 5D— , hasta Tangerine: Chicas fabulosas (’15), opus 5 de Sean Baker, que cuenta con la coproducción de los hermanos Duplass, filmada con iPhone 5S.

Si bien Baker no fue el primero ni el último en utilizar un smartphone como cámara principal (videos musicales como “Cascades” de Flakjat dirigido por Marty Martin, “No Love Like Yours” de Edward Sharpe And The Magnetic Zeros dirigido por la actriz Olivia Wilde o fragmentos de películas como Searching For Sugarman (’13), de Malik Bendjelloul), sí es de los más interesantes. Su filmación no sólo representa un logro técnico, también ayuda a contar la historia. Da una textura realista al ver cómo dos mujeres se golpean en el transporte público. Así como cuando una pelea callejera es grabada y subida a YouTube, sabes que eso sí pasó. Sientes ese golpe que sólo la “realidad” da.

Las transexuales llaman despectivamente a las mujeres que nacieron con vagina “pescadas” (o fish, en inglés), sabiendo que la mayoría de la gente las hacen menos por ellas haber nacido hombres. Saben que las personas no las consideran mujeres reales, aunque lo sean aún más.

Mucho se ha hablado en la industria sobre la inminente ‘muerte del cine’; de cómo la mayoría de las películas ya no son hechas en 35 mm, sino en digital. Sobre esto se han hecho documentales como Side By Side (’12) de Christopher Kenally, donde Keanu Reeves entrevista a cineastas y fotógrafos como Lars Von Trier, Anthony Dod Mantle, las hermanas Wachowski, David Lynch y Christopher Nolan. Este último es quien más está en desacuerdo con filmar en digital. Yo simpatizo con lo que expresó Roger Deakins: lo importante es lo que hay frente a la cámara.

Sean Baker logró hacer algo único e inolvidable que sobresale sobre tantas películas recientes con mayor presupuesto: las jala del pelo y las humilla. Porque, al igual que Sin-Dee, la protagonista, tiene algo que defender: su narración. Un road trip caminado a través de las calles de Los Ángeles. Su forma estética es espectacular; la luz natural del atardecer de la primera media hora, los colores pasteles/neón, edición rítmica y soundtrack electrónico hacen que desees estar más de un día junto a éstos personajes.tangbienEspero que el éxito de Tangerine, en Sundance y con la crítica en general, ayude a los creadores a dejar un poco de su nostalgia a un lado, y a que los aspirantes a creadores cinematográficos tengan más valentía —la misma que tuvo Baker—, y aprendan que no necesitan los 165 millones de Interestelar para hacer algo que sí sea trascendente.

Mucha gente piensa que sólo porque en una película los protagonistas son vaqueros homosexuales, lesbianas peliazules o transexuales colmilludas la película es ‘cine gay’, como si fuera hecha exclusivamente para ese público. Tangerine prueba lo contrario. Sí, dos de sus protagonistas son transexuales, pero la cinta habla de algo tan universal como la insatisfacción de la vida que uno tiene, y en la película los protagonistas van en busca de algo diferente, que probablemente nunca les va a llegar. Al final, es una oda a la libertad gracias a la bella forma que junta cada una de sus partes.

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