#Oscars so… El problema de la diversidad en Hollywood

Cuando el 14 de enero se anunciaron quiénes eran los nominados a los premios Oscar, no pasó mucho tiempo para que diversos medios y celebridades hicieran notar que, por segundo año consecutivo, ninguna persona afroamericana o de raza negra había sido nominada para algún premio como actor. Ni hablar de otros premios “detrás de la cámara”. Spike Lee, que había recibido un Oscar honorario en noviembre pasado, anunció que no asistiría a la ceremonia del 28 de febrero debido a la situación y fue secundado por Jada Pinkett Smith. El hastag #Oscarssowhite se volvió tendencia durante el poco más de un mes que precedió al gran día.

Chris Rock subió al escenario de la 88ª entrega de los premios Oscar, con una alta expectativa debido a que se trataba de una persona de raza negra conduciendo unos premios tachados de poco inclusivos. Su monólogo de apertura no omitió el tema y tuvo varios aciertos: minimizar el hecho y hacer ver que existen problemas raciales más grandes que los Oscar (como los tiroteos de policías a hombres de raza negra); o llevar el debate a otros terrenos e incluir problemas diferentes, como la separación entre hombres y mujeres en las categorías actorales.

Sin embargo, nunca dejó de ser un discurso institucional del tipo “miren, reconocemos nuestros errores y nos burlamos de nosotros mismos”. Y aunque Chris Rock supo llevar bien la controversia, podemos alegar que todo el debate giró en torno a una diversidad que en realidad no era tan diversa: la de blancos y negros (con todo y broma con niños asiáticos incluida). Por supuesto que esto se entiende: uno siempre habla desde su lugar. Los negros defienden los derechos de los negros, y su importante y creciente papel en la industria cinematográfica es innegable. Pero lo cierto es que el mundo del cine, y el mundo en general, es mucho más diverso que blanco y negro.

La Academia y sus premios son reflejo de una realidad más grande: la de un país en constante conflicto ideológico entre las diferentes razas y minorías que lo conforman. La discusión cobra nuevas dimensiones en este tiempo en el que existe un sinfín de información (y desinformación) al respecto de la diversidad. Hollywood es una máquina ideológica, y sus valores no van a cambiar de la noche a la mañana. No sólo los negros son poco reconocidos, sino también los latinos, los asiáticos y otras minorías. La diversidad se multiplica cuando pensamos en “los blancos”: irlandeses, italianos, judíos, alemanes, etc., todas etnias que han poblado Estados Unidos y que han representado sus propios problemas en el cine (y han triunfado por ello).

Pero no todo se trata de raza. Existen también otros tipos de diversidad, como la de género. Y eso es algo de lo que Hollywood tampoco puede estar orgulloso. Chris Rock lo dijo un poco en broma, pero tiene razón: no hay razón alguna para que haya nominaciones actorales para hombres y mujeres por separado. (Es como el vagón exclusivo para mujeres en el Metro). Por otro lado, este año quedaron totalmente excluidas Kitana Kiki Rodríguez y Mya Taylor, actrices transgénero protagonistas del filme Tangerine, a pesar de la gran cantidad de críticas positivas que provocó su trabajo. Lo irónico es que se premie a actores y actrices por “transformarse” en personajes homosexuales, transgénero o con alguna discapacidad (otro sector casi invisible en la industria). Como si se les premiara por disfrazar su “normalidad”.

Anohni, cantante transgénero anteriormente conocida como Antony Hegarty, anunció que no asistiría a la ceremonia después de que no fuera invitada a interpretar “Manta Ray”, su colaboración con J. Ralph nominada a Mejor Canción Original. La Academia alegó “restricciones de tiempo” para la omisión. Quizá la razón no fuera la condición transgénero de Anhoni, pero tenerla en la noche de premiación, hubiera sido un gran paso para que la Academia demostrara querer cambiar las cosas, más allá de la demagogia.

Incluso se podría decir que en los Oscar no hay diversidad ni para el cine mismo. Las películas nominadas o premiadas cada año deben cumplir con ciertos estándares o resignarse al olvido de la Academia. Es constante ver ganar a películas que reflejan los valores patrióticos, de libertad, justicia, superación, igualdad. Siempre bajo una mirada arbitraria e hipócrita, muchas de ellas se vuelven completamente irrelevantes después del premio (pensemos en Argo, Crash, Braveheart). Las pocas películas que verdaderamente plantean problemas distintos muchas veces reciben nominaciones y premios que parecen de lástima y deben esperar años para cobrar la debida atención. Ejemplos recientes: Mad Max: Fury Road y sus planteamientos feministas; Selma.

También es importante para una película haber sido hecha dentro del circuito oscareable. El cine del resto del mundo, el cual expone sus propios problemas y muchas veces tiene mayores méritos cinematográficos (y con mucho menos presupuesto), está relegado a pelearse el Oscar a Mejor Película de Habla No Inglesa. En 88 entregas, sólo nueve películas no habladas en inglés han sido consideradas para Mejor Película (entre ellas Letters from Iwo Jima, de producción estadounidense).

De dónde viene el dinero también cuenta mucho: sólo 12 de las 88 ganadoras a Mejor Película han sido financiadas completamente fuera de Estados Unidos; 11 en el Reino Unido y una en Francia (la hoy completamente olvidada El Artista); todas ellas en inglés. La diversidad no se le da a este premio en ningún rubro, ya que sólo cuatro ganadoras han sido protagonizadas por mujeres, y sólo cinco por gente de raza diferente a la blanca (el último ejemplo, 12 Years a Slave). Ya ni hablar de personas homosexuales o transgénero.

No debemos ver a la Academia y los Oscar como un elemento aislado, sino como representantes de toda una industria, e incluso del público. Según cifras de Los Angeles Times, el 93% de los miembros de la institución son de raza blanca. El 76% son hombres y la edad media es de 63 años. Suena a “hombre viejo estadounidense racista con rifle en la mano”. Pero no hay que olvidar que la Academia es dirigida por Cheryl Boone Isaacs, mujer afroamericana que anunció que vendrían cambios importantes. También en los premios hay avances significativos: de los 10 últimos galardones a Mejor Director, tres han sido para mexicanos (Iñárritu, 2; Cuarón, 1), uno para un asiático (Ang Lee) y uno para una mujer (Kathryn Bigelow). Aunque, sí, todos ellos trabajando en películas de estudios estadounidenses.

El problema es que no debería ser “normal” que sólo haya nominados blancos. Tampoco que sólo los negros se preocupen por sus problemas, o la comunidad LGBTTI por los suyos. El cine es problema de todos, de los que lo hacen y los que lo ven, y no pertenece a ningún sector por default. Por supuesto que se debe premiar el mérito y no incluir sólo por verse progresista, la cosa es que no se está volteando a todos los lados posibles. Y no se trata sólo de los premios: también sobre las oportunidades para cualquier persona que quiera participar de la producción cinematográfica. El mundo no es de un solo color, el chiste es abrir los ojos para poder verlo.

Homo sapiens | CDMX | Periodismo musical | Producción audiovisual

Deja un comentario