Nueve discos para entender qué carajos con el post punk

Es un lugar común hablar de Joy Division como sinónimo de post punk. Es cierto que los de Manchester son una banda sumamente importante y que la figura evasiva de Ian Curtis, combinada con las letras depresivas y el minimalista y oscuro sonido, han convertido al grupo en un símbolo que trasciende por sí mismo más allá de su música. Pero el post punk no es Joy Division.

En realidad se trata de algo más complejo. El ser humano tiene la necesidad de organizar todo, de encontrar siempre el nombre correcto, de tener un cajón lo suficientemente grande para guardar las cosas similares. Pero también tiene la costumbre de crear cosas que no caben en ningún cajón. Con el post punk pasa algo similar que con el krautrock: más que un género musical definido, es como un momento, un estado de ánimo, con bandas de estilos a veces tan diferentes que es complicado ponerlos en el mismo cajón. Digamos que, si uno se asomara en uno de esos cajones, vería que por dentro están conectados de formas bastante intrincadas.

Paralela y sucesivamente a la revolución del punk en 1977, diversas bandas se formaron con ese mismo espíritu do it yourself y la actitud contestataria. Sin embargo, las bandas de post punk no se limitaron a imitar a los Sex Pistols, ya que para ellos el punk se había convertido en una fórmula comercial y en un nuevo aliciente para la industria musical que tanto criticaban (vaya, si tenían razón).

En cambio, se iniciaron en caminos más experimentales, entendiendo al punk como un impulso de cambio constante y una oportunidad de romper con la tradición. Tomando como inspiración una amplia gama de artistas (desde Roxy Music hasta David Bowie), sonidos del disco, el dub y el krautrock y elementos de la electrónica y el jazz, se propusieron terminar con esa revolución inconclusa que el punk había comenzado en 1977 mediante una nueva estética sonora.

El resultado de ese momento, al que se ha llamado post punk (y que abarca, meses más meses menos, de 1978 a 1984), es un amplio espectro de artistas y expresiones musicales. Algunos se inclinaron al lado oscuro, como Joy Division, The Cure o Siouxsie & The Banshees; otros se aligeraron un poco más, como Orange Juice o XTC, con canciones guitarreras que tampoco dejaban de romper con los esquemas tradicionales del pop y el rock; hubo quienes descargaron una furia repetitiva evocadora de Iggy Pop y Lou Reed, como The Fall y PiL; otros más se acercaron al funk, como The Pop Group y Gang of Four.

La era post punk llegó a desarrollar tipos de música tan dispares como el synth pop o el industrial. Incluso, fue un factor por demás relevante para el alternativo y el indie de finales de los ochenta y principios de los noventa. Dejando un poco de lado las ambigüedades o limitaciones que nos sugiere su nombre, fue, en palabras del crítico Simon Reynolds como “un espacio de posibilidades”. De entre toda esa gama de sonidos. Aquí hay nueve álbumes representativos de un momento crucial para el devenir de la música actual.

Television – Marquee Moon (1977)

Ya desde 1974, Television había comenzado su carrera musical como un acto recurrente en el famoso club neoyorquino CBGB. Esto fue causa de que a la banda se le asociara constantemente con el movimiento punk, debido a su cercanía con bandas como The Ramones. Sin embargo, al escuchar Marquee Moon uno se da cuenta que poco tiene que ver con aquel sucio y descuidado sonido de tres acordes. Aunque no es común que los críticos los clasifiquen como post punk, son evidencia de que hubo grupos que adelantaron y rebasaron al punk con propuestas estéticas diferentes.

Lanzado el mismo año de la explosión punk (otra coincidencia), este álbum le debe más a grupos sesenteros de rock, surf y jazz. Su sonido, en contraposición al del punk, es limpio, con los guitarristas Verlaine y Lloyd interactuando a través de líneas melódicas que hacían ver muy mal a los rasgueos de The Ramones. Es un álbum que derrama virtuosismo, no a través de los dedos, sino en sus estructuras que parecían ilógicas, pero articuladas perfectamente a su manera. En Marquee Moon, Television hizo lo que el punk nunca pudo: poner en duda la concepción de la música desde la música misma.

Wire – Chairs Missing (1978)

Formada en 1976, Wire pasó rápidamente del minimalismo bruto del punk en Pink Flag (1977) a una postura más experimental en su segundo disco, Chairs Missing. Con sólo ocho meses de diferencia entre ambos álbumes, Wire se embarcó en una búsqueda de nuevos sonidos, convirtiéndose en una de las bandas claves para el desarrollo del llamado post-punk, muy a pesar de la escena punk que en un principio los había cobijado. Ni críticos ni fans (mucho menos otros músicos punk) vieron bien este cambio, considerando una grave ofensa la inclusión de sintetizadores y sonidos tomados del progresivo.

Pero el tiempo le dio la razón a estos londinenses. Al igual que Television, Wire llevó la arrogancia y el desafío constante del punk a nuevos niveles estéticos, en vez de ahogarse en un discurso repetitivo y falto de sonoridad que acabó siendo un cliché en poco tiempo. Además de una inmensa inventiva musical, tenían toda esa agresividad punk que hace que Chairs Missing se sienta como uno de los álbumes más experimentales de finales de los setenta, pero sin un ápice de pretensiones pseudoartísticas comunes en la época. Un proceso que se llevó más allá un año después en 154.

Public Image Ltd. – Metal Box (1979)

En esencia, se podría decir que Public Image Ltd. (o simplemente PiL) es la banda arquetípica de post punk. Su vocalista y líder, John Lydon, había estado en el centro del remolino punk del 77, no sólo como un actor más, sino como el mismísimo Johnny Rotten de los Sex Pistols. Que incluso él mismo haya decidido seguir el camino en busca de nuevos sonidos parecía significar que el punk se había estrellado contra sí mismo y que sólo había sido un punto de partida para algo diferente.

Lydon debutó con su nueva banda en el 78 con Public Image: First Issue, donde se notaba un sonido más experimental dentro de estructuras todavía convencionales. Pero fue en Metal Box donde el cambio fue contundente y demoledor. La ejecución vocal de Lydon es casi ininteligible y caótica; el bajo, propulsivo, inspirado en el dub, la guitarra, abrasiva y metálica. Incluso políticamente se trata de una victoria, al haber logrado que una disquera mayor como Virgin editara un álbum completamente antisocial y de tremenda fuerza artística en latas de metal para películas de 16 mm con el logo de la banda. Un punto de referencia atemporal.

Gang of Four – Entertainment! (1979)

Gang of Four fue formada en 1977, el año del punk, empapado de toda esa actitud rebelde y política. Sin embargo, su sonido estuvo desde un principio encaminado hacia diferentes rumbos, influenciado fuertemente por el funk y el dub. Sus letras estaban impregnadas de crítica social y retomaban argumentos de la Escuela de Frankfurt, alejándose de los pregoneros charlatanes que abundaban en la época. O sea, eran como punks, pero mejores.

Entertainment!, su álbum debut, llegó en 1979. La influencia de distintos géneros era fácilmente reconocible, y, al igual que en otros discos de la época, la importancia del bajo era mayor que en el rock convencional. Pero más allá de influencias, el debut de Gang of Four despliega un amplio terreno de posibilidades ante nuestros oídos en quince canciones. Quizá el título tratara de ser sarcástico, pero lo cierto es que el disco es sumamente entretenido y bailable, revestido de una sensibilidad pop detrás de todo ese disgusto político. Tal vez no goce de la popularidad que merece, pero su influencia es reconocible hasta nuestros días.

Joy Division – Unknown Pleasures (1979)

En el imaginario popular, este es el álbum pionero y representativo del post punk (y por algo será). Sin duda, es el más famoso de esta lista, quizá por mucho. También, sin ninguna duda, es el más oscuro, y el culpable de que el término post punk se asocie inmediatamente con ese sonido melancólico pero bailable, acompañado de letras que ven el lado más opaco de la vida. Y, aunque la razón de este artículo es tratar de “des-joydivisionar” la concepción común del post punk, Unknown Pleasures no podía quedar fuera.

Hay que ser justos con este álbum. Es cierto que Ian Curtis (en vida y muerte) se transformó de una persona real que cantaba en una banda a una especie de caricatura de la depresión y el suicidio, con el que miles de adolescentes y adultos creen que se identifican (lo cierto es que muy pocos de ellos se han suicidado a los 23 años). Esto opaca al Curtis real y a su excelente trabajo como compositor en este disco, acompañado del bajo pulsante de Peter Hook y las guitarras urgentes y quebradizas de Bernard Summer. Lo cierto es que pocos álbumes se sienten tan perfectos como este, tan cercanos a uno (seas quien seas). Y, bueno, se entiende por qué todos creen que el post punk es Joy Division.

XTC – Drums & Wires (1979)

Catalogados constantemente dentro del new wave, los de XTC representan ese sector de bandas de la era post punk que se acercó más a los sonidos del pop, alejados de todo lo que oliera a la depresión de Ian Curtis. Formados a principios de los setenta bajo el nombre de The Helium Kidz, fueron influenciados fuertemente por grupos como los New York Dolls de la naciente escena punk de los setenta y el glam rock. En 1976 tomaron el nombre de XTC y en 1977 firmaron con Virgin.

Drums & Wires llegó en el momento que la banda se deshizo de su tecladista y añadió un nuevo guitarrista, con influencias del rock sesentero. Aunque frecuentemente no es considerado como un álbum de post punk, responde al ánimo de la época, retomando elementos de otros géneros en un nuevo y compacto sonido. En esencia, se trata de canciones pop, llevadas por certeras percusiones y guitarras afiladas y cuchilleantes, con una buena presencia de bajo. Con un sonido más cercano al de los grupos estadounidenses, XTC representa la parte más nerviosa, optimista y equilibrada del post punk, y Drum & Wires es el álbum más representativo de su etapa temprana.

Talking Heads – Remain in Light (1980)

En Estados Unidos se hablaba menos de post punk y más de new wave. Lo cierto es que grupos como Pere Ubu, Devo, Suicide, Television y los mismos Talking Heads habían comenzado a desarrollar un estilo similar al de los grupos británicos de post punk en los años 76 y 77. Al igual que sus contemporáneos europeos, estas bandas habían surgido a la par del punk (algunas de ellas comenzaron tocando en el CBGB de Nueva York) para después buscar nuevos sonidos que incorporar a esa actitud de constante búsqueda.

Los Talking Heads debutaron discográficamente en 1977 con un estilo que recordaba a las guitarras puntilleantes y el bajo presente y melodioso del post punk británico, pero sin todo el pesimismo de grupos como Joy Division o los Banshees. La experimentación los llevó hasta Remain in Light, álbum producido por Brian Eno que contiene densas capas de ritmos y percusiones africanas detrás de líneas de bajo elásticas y guitarras errantes. Toda esa experimentación no se difumina, sino que está condensada en piezas sumamente accesibles a cualquier oído. La cúspide y el momento definitivo de la banda comandada por David Byrne.

This Heat – Deceit (1981)

Si gran parte de lo que significaba el post punk era la experimentación con nuevos sonidos, los ingleses de This Heat fueron quienes llevaron esto a otros niveles. Formada en 1976 a la par del punk, esta banda siempre estuvo apartada de la estética de dicha escena, aunque bajo la misma carga política. Sin embargo, lejos de ser meros panfleteros, This Heat llevó su posición a una sonoridad, impregnada de una inventiva poco usual que rozaba una gran cantidad de estilos y géneros.

Deceit es su obra maestra, un puente entre los experimentos de los sesenta y los setenta y los subsecuentes a la era post punk. Denso y furioso en su técnica y en su música, el álbum fue el intento de sus creadores por reflejar el miedo y la ansiedad generados por una posible guerra nuclear. Comprometidos con el arte, a This Heat nunca le fue bien comercialmente, pero hoy suena tan actual que es difícil creer que haya sido creado en los ochenta. Toda una experiencia.

The Fall – Hex Enduction Hour (1982)

Otra banda arquetípica del post punk. Otra banda formada en 1976 dentro del vórtice punk que después buscaría nuevos pantanos para enlodarse, inspirados por Can, The Velvet Underground y The Stooges. El genio detrás de The Fall se llama Mark E. Smith, único miembro constante de una banda que sigue activa y reinventándose. “Si soy yo y tu abuelita en los bongos, entonces es The Fall”, diría alguna vez. Fundada por cuatro muchachos letrados que fueron a un concierto de The Sex Pistols, la banda debe su nombre a una novela de Albert Camus. Su música, intencionalmente repetitiva y cruda, sirvió de influencia para grupos tan definitivos de los noventa como Pavement.

Aunque The Fall tiene muchos álbumes y en todos suena a The Fall, Hex Enduction Hour fue su primer punto realmente alto. Dos baterías, guitarras beligerantes, un bajo que parece martillo y la voz de lija, errática, arrogante de Smith. Suena a cinco músicos talentosos tratando de olvidar todo lo que sabían sobre música, tratando de tocar como si hubieran nacido con el instrumento en la mano. Una declaración artística de una honestidad impresionante que parece tan necesaria hoy en día. Parafraseando a cierto vampiro jarmuschiano, son demasiado buenos para ser famosos.