Factory Records: El verdadero indie

Desde jóvenes, cuando aprendemos que Reino Unido es el país donde nos habría gustado nacer pues nuestras agrupaciones favoritas tienen en común este origen geográfico, sabemos que la grandeza musical también viene por zonas. Y así, como poco a poco se nos van haciendo familiares nombres como Londres, Liverpool, Sheffield o Glasgow, vamos ubicando a las bandas, y si somos un poco más quisquillosos sabremos que estas ciudades no sólo son cuna de los músicos, sino también de otras leyendas musicales: las disqueras.

Manchester no es la excepción, pues además de gestar a bandas como The Smiths, Joy Division, Oasis, The Stone Roses, The Chemical Brothers y Buzzcocks, también en su territorio se fundó Factory Records en 1978, el sello discográfico encabezado por Anthony (Tony) Wilson, un entusiasta de la naciente escena musical de aquella ciudad y que gracias a él y a su pasión por la música, ayudó a trascender a sonidos como el post punk, el new wave, el synth y el techno más allá de este territorio.

Al lado de Wilson, quien también era presentador del programa musical So It Goes de Granada Television, estaban Alan Erasmus, Martin Hannett y Peter Saville, visionarios de la propuesta musical que estaba surgiendo a la par del punk y a la cual miraron con ideales de grandeza. Factory Records surgió a partir del club nocturno fundado por Tony Wilson llamado The Factory, en el cual pretendía dar espacio para tocar a las agrupaciones que llevaba al programa de televisión.

Pero tal parece que para Wilson esto no era suficiente y creó un sello discográfico inspirado en los principios del Do It Yourself, usando como materia prima a los jóvenes desencantados de su realidad, envueltos en el ambiente sombrío e industrial de Manchester y sus alrededores, que a pesar de eso eran creadores de nuevas sonoridades y no estaban siendo mirados por las grandes compañías disqueras.

Factory Records es realmente un fuerte antecedente del movimiento independiente, pues pretendía que los artistas fueran los dueños de sus composiciones, el control creativo lo tenían los músicos y la disquera sólo se encargaba de la producción, distribución y difusión su talento. Fungió como productor musical Martin Hannett y diseñando el concepto visual a las bandas estaba Peter Saville, que logró crear la identidad a todo un movimiento. Con el uso de pictogramas industriales, símbolos, y señales minimalistas diseñó muchas las portadas más emblemáticas de la música como la del Unknown Pleasures y Closer de Joy Division; por otra parte, fueron pioneros en lo que ahora conocemos como boxsets. De hecho, el trabajo de Saville ha sido escuela para nuevos diseñadores y motivo de exposiciones a nivel mundial.

(Mira la galería de portadas diseñadas por Saville que tiene The Guardian y esta creada por un fan en Pinterest.)

El EP A Factory Sample de 7’’, fue el primer material bajo el sello Factory Records y tuvo canciones de The Durutti Column, Joy Division, Cabaret Voltaire y John Dowie, pero su primera producción formal fue el Unknown Pleasures de Joy Division en 1979. Otros artistas que formaron parte de las filas de Factory Records fueron New Order (después del suicidio de Ian Curtis y el fin de Joy Division), Orchestral Manoeuvres in the Dark (OMD), A Certain Ratio, The Distractions, X-O-Dus, Section 25, Crawling Chaos, The Names, Minny Pops, Crispy Ambulance, Tunnel Vision, Royal Family and the Poor, Swamp Children, 52 Street, Quando Quango, The Wake, Marcel King, Stockholm Monsters, Life, James, Kalima, Miaow, The Railway Children, Biting Tongues, Revenge, Electronic, Nothside, Cath Carroll y The Other Two.

Otra singularidad de Factory Records era la manera de catalogación de todos sus productos; decimos productos porque bajo el sello de Wilson y compañía no sólo hay materiales discográficos también hay compilados, libros, documentales, películas, y demás artículos que siguieron haciéndose sobre Factory Records o sus artistas, aún después de su desaparición en 1992. Todos los artículos llevan el prefijo “FAC” con una cifra numérica a continuación, dependiendo esta última del objeto. Puedes consultar el catálogo aquí o acá.

Tanto se preocupaban por lanzar álbumes de calidad, tanto física como sonoramente, que poco les importaba lo que costara producirlos; por ejemplo, The Return of the Durutti Column de The Durutti Column (1979) fue fabricado con papel de lija, lo que como inconveniente tenía que maltrataba a los discos que se ponían junto a él, y el Blue Monday de New Order (1983), que fue el disco más famoso y vendido del sello, estaba inspirado en un disquete (discos floppy) por su relevancia tecnológica en aquel momento, tenía por tipografía un código cromático que podía descifrarse rotando el círculo con la nomenclatura que venía incluida al reverso. Maquilar ambos álbumes era tan costoso que vender alguno significaba perder dinero, y no eran los únicos casos en que los discos eran vendidos a un costo en el que no se recuperaba su producción. Por estas y otras razones como el mal manejo de las finanzas es que Factory Records siempre tuvo problemas económicos.

The Factory cerró a dos años de haberse fundado (1980), pero Tony Wilson, con Factory Records, volvió a abrir un centro nocturno en 1982, ahora llamado La Hacienda, auspiciado por New Order, gracias a las ventas de su hit internacional “Blue Monday”, convirtiéndose ahora en la casa del acid house y el rave. Lo cierto es que a pesar de los esfuerzos, el cometido de Factory Records de difundir la música por el deseo de difundirla y que llegara a más personas sin la ambición de ganar dinero –ni siquiera recuperando lo invertido– era un plan utópico y soñador, y la quiebra acechó a la disquera hasta que sus fondos quedaron consumidos por la adicción a la heroína de  Shaun Ryder, vocalista de Happy Mondays, y de la desastrosa grabación de su álbum Yes Please!, con cuyo éxito contaba Wilson para salvar la disquera.

Era 1992 y Factory Records había cultivado y ofrecido al mundo durante 14 años a muchas de las leyendas y bandas de culto que en este siglo XXI son admiradas, pero la buena voluntad de Tony Wilson no podía seguir sosteniéndolo. London Records tenía intención de comprar Factory Records y todo su catálogo, sin embargo, dado que desde el inicio la disquera no había querido ser propietaria de ninguna de las canciones que lanzaron, no tenían nada que vender. No quedó más que declararse en banca rota y así muchos de sus artistas pasaron a formar parte de las filas de London Records.

En 1994 Factory Records llegó a un acuerdo con London Records para mantener su catálogo, mismo que hasta hoy sigue engrosándose; incluso en él fue incluido el ataúd de Tony Wilson, FAC 501, (quien murió en 2007 a causa de cáncer de hígado), así como la película 24 Hour Party People (2002) de Michael Winterbottom que tiene la cifra de FAC 401, en la cual se retrata el quehacer de Wilson durante los 14 años de vida de Factory Records y de su importante herencia cultural para el mundo. Se editaron compilados como el The Factory Box Set (Communications 1978-92) y el The Factory Box Set (Palatine 1979-90), igualmente incluidos en el catálogo, de cuatro discos cada uno con canciones de las agrupaciones que integraron la disquera.

El legado que Factory Records dejó a las nuevas generaciones fueron las influencias musicales, pues muchos de los géneros que en Factory Records nacieron son padres de los que ahora están vigentes, e incluso ahora los antiguos han llegado al mainstream. También se rescata la valentía de sostener una empresa por la pasión de producir y documentar el fructífero ejercicio musical de Manchester desde 1978 a 1992, de cuya relevancia mundial datan numerosas películas y documentales, así como el ímpetu autogestivo de Anthony Wilson y su confianza en la contribución que la música da al mundo, más que en el dinero que se pueda generar a partir de ella.

@aann_soblue