La inmortalidad de Sun Records

Cuando uno va a una buena tienda de discos (sí, aún existen algunas) o adquiere canciones a través de su plataforma favorita, disfruta de un tema que contiene una historia, pues en esas partituras y voces converge el trabajo de un sello discográfico que busca la inmortalidad en esas notas.

Para hablar justo de eso, de inmortalidad, regresemos 63 años. En aquel 1952, que fue testigo del nocaut de Rocky Marciano a J.J. Walcott, no sólo se estrenaba en las salas de cine Singin’ in the Rain de Gene Kelly y Stanley Donen sino que la industria musical vería forjarse, en cimientos de grandeza, a Sun Records.

Samuel Cornelius Phillips, mejor conocido como Sam Phillips, fue un locutor y productor musical estadounidense. A inicios de la década de los 50, Sam inauguró el Memphis Recording Service en Tenessee. En este estudio realizaba grabaciones, sobre todo de rhythm and blues, para otros sellos musicales.

En ese pequeño estudio en el 706 de Union Avenue surgieron carreras que se recordarán por siempre. Ahí grabaron, por ejemplo, “El rey del blues” B.B. King y Ike Turner. Este último realizó, con su banda, la famosa “Rocket 88” que es considerada la primera grabación de rock and roll y uno de los trabajos más representativos de la historia del género.

Un par de años después, en febrero del 52, Sam decide crear su propio sello discográfico bajo el nombre de Sun Records con un pensamiento muy claro: un nuevo día, un nuevo comienzo. Sitio que pasaría a la historia por recibir a grandes íconos de la talla de Rufus Thomas, Rosco Gordon y la armónica de James “Jimmy” Cotton.

1953 y 54 serían un par de años vitales en la historia de Sun Records. Un chico, que aún no llegaba a las dos décadas de vida, pagó unos cuantos dólares para grabar un acetato de doble cara que, decían, era un regalo para su madre. Aquel hombre respondía al nombre de Elvis Presley.

Elvis, junto a Bill Black y Scotty Moore, estaban en medio de una larga grabación cuando, en un descanso, Presley tomó su guitarra y empezó a tocar “That´s All Right” de Arthur Crudup a un ritmo más acelerado. Black y Moore le hicieron segunda y el tema, así como el nuevo ritmo, alcanzaron una popularidad inmediata. Aquellas dos guitarras y un bajo tocaban el paraíso.

En 1955, Sam vendió el contrato de Elvis, ante la crisis que atravesaba el sello, en 35 mil dólares a RCA Records. Derivado de este movimiento “Blue Suede Shoes” de Carl Perkins se pudo distribuir, convirtiéndola en el primer national hit de Sun Records. El rockabilly se convirtió en, tal vez, el sonido más característico de la época gloriosa de Sun.

Johnny Cash, Roy Orbinson, Charlie Rich, Jerry Lee Lewis, Junior Parker, entre muchos otros, fueron artistas que vieron iniciar su carrera en aquel pequeño espacio en Memphis que cerró sus puertas en 1968. El productor de Mercury Records, Shelby Singleton, adquirió a Sun para iniciar un proyecto de reediciones en la década de los 70 bajo el nombre de Sun International Corporation.

Sam Phillips fue parte de la primer generación inducida al Salón de la Fama del Rock and Roll en 1986. En 1987 fue incluido en el salón de la fama de la música en Alabama. En 1998 fue aceptado en el salón de la fama del blues y en 2001 entró al salón de la fama Country.

Sam falleció en Memphis en 2003, un día antes de que el Sun Studio, originalmente Memphis Recording Service, fuera reconocido como National Historic Landmark (Hito Histórico Nacional) por el gobierno federal, debido a su importancia dentro de la historia de los Estados Unidos.

Así fue como Sam Phillips dejó de estar frente al micrófono para volverse un genio detrás de la consola. Tener dentro de tus créditos musicales una producción de Phillips es sinónimo de calidad. Sam es el culpable de varios genios que aún endulzan nuestros días en playlists infinitos. Gracias, Sam, por regalarnos la inmortalidad de Sun Records.