De incertidumbres a certezas: What Went Down por Foals

Foals

What Went Down

Warner Music; 2015

Propios y extraños han alabado el trabajo de Foals como banda “nueva”, sí, nueva; todos éstos, se dividen principalmente en dos grupos que son de nuestro interés: aquellos que solamente han oído de su existencia y que apelan a que en 10 años de carrera no son nada (una portación técnicamente nula), y los “otros”, cuya compatibilidad con los de Oxfordshire ha marcado estándares tanto con la banda como con la manera en la que se hace música en general.

Todo lo anterior tiene que ver con el sonido que la banda ha configurado a lo largo de sus cuatro placas de estudio. Buenos o malos, ya depende de cada uno de sus escuchas.

Pero, como todo en la vida, nada de esto empezó con el sonido que Yannis Philippakis y compañía ahora parecen más que dominar, de hecho puedo aseverar que en Antidotes, (2008) nada pintaba parecer una progresión cuasi perfecta, porque sí, eso es lo que son ahora, una progresión que va más allá de un sonido, más allá de un fin inmediato.

Ahondemos un poco…

Me cuesta trabajo pensar que Foals no había imaginado que estarían donde están (en el escenario mundial), lo más asequible debe ser –como dije líneas arriba– la manera de hacer su música, de éste su vital proceso en el que todo deja de ser ecléctico para volverse fundamental.

Y es que, pizcas o nada se sabe acerca del épico salto que dieron de su primer placa al Total Life Forever (2010); de hecho parece que la ausencia del gran Dave Sitek (Tv On the Radio) más que impactar catapultó al quinteto. Dicha separación dejó en las cálidas manos del productor Luke Smith (Depeche Mode, Is Tropical) un proyecto que ahora con creces recoge un trabajo de más de una década, mismo que anunciaron con el sencillo homónimo: ‘What Went Down’.

Todo esto sin olvidar lo hecho en 2013 con su brillante Holy Fire (2013), cuya producción corrió a cargo del aclamado dúo: Alan Moulder/Mark Ellis –mencionar su participación en otros proyectos, tiende a infinito-, por ende el álbum otorgaría a los de Oxford un nivel poco alcanzado en nuestros días: un nivel de credibilidad alta. Logro que aunado a su inclusión en los charts mundiales, codo a codo con Arcade Fire, Arctic Monkeys y Deerhunter o el mismísimo David Bowie, les concedió una oportunidad de concretar todo ese proceso que ahora más que completarse, parece construir un inefable camino.

Vamos, no digo que hayan revolucionado la industria, tampoco que no tengan miles de dólares invertidos en producción, mucho menos que sean la banda más complicada de los últimos diez años, pero sin duda son una prueba fehaciente de que hay estrategias dignas para mantener un estatuto de calidad y usarlo a beneficio de “progreso”.

Por otra parte, su cohesionado talento reflejado con la voz de Philippakis y ese rock tan “universitario”, son detalles que de maneras subcutáneas y quizá poco legibles al granel, les han facilitado conquistar esa infinidad de rincones en todo el globo. Todos estos aspectos se han vuelto sellos propios, sellos que aparentan sencillez, pero que se presentan en algidez pura cuando son necesarios, volviendo pistas como ‘Red Sock Pugie’, ‘Blue Blood’ y ‘My Number’, más que memorables.

De este modo, podríamos decir que ejecutan una pista así en cada placa, siendo ‘Mountains At My Gate’ la representante del nuevo álbum. Pero esto no es todo, sí bien Foals ha demostrado tener más de un hit por LP, en éste último es más que claro que han sabido dejar una huella de todo eso que son capaces, mostrando una infinita conciencia del por qué de su existencia, tanto de su What Went Down como de ese fundamental “sonido Foals”.

El álbum –en su edición normal- cuenta con 10 pistas, recayendo el forte del mismo en las pistas: 1, 2, 4 y 9, que, aunque parece marcar una pauta bastante grande entre unas y otra, logra concretar esa proyección de consolidación benigna ante una industria que goza de eclecticismos para sobrevivir; incluso se puede hablar de una redimensión hacia lo cualitativo, que las ahora cuatro placas de Foals suman, respecto a los sonidos que Inglaterra ha gestado del 2006 a la fecha.

Por ende, como acotación común y reiterativa, el grupo no ha radicalizado los sonidos del rock, ni del mathrock, ni de lo que concebimos como progresivo, pero sin dudarlo ha hecho clara esa intensidad y calidad con la que cada trabajo, de cada banda en el mundo, debería realizarse.

Es decir, una sonora crítica hacía ciertas estructuras conformistas que en ocasiones hacen pensar al público en general que el dinero va peleado en tiempo y forma con la calidad musical. Siguiendo con lo anterior, partiendo a una conclusión,  los de Oxford han sabido mantenerse vigentes y elegibles como una banda brillante, que lleva como premisa su propio sonido e ideas a una permanente evolución, hecho que se vuelve irrefutable cuando al escucharlos nos hace identificarlos pero no por una cotidianeidad si no por ese indescriptible: “suenan a Foals” (sic).

+Las recomendables: ‘Mountains at My Gate’, ‘Birch Tree’ y ‘Lonely Hunter’.

@TheFrankSpoons

Those who fear music are dangerous || CDMX || Periodista musical

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