Brian Eno y los demás. 5 colaboraciones.

Siempre hay figuras que sobresalen por encima de los demás. Este mes, Afónica Magazine está dedicada a distintos proyectos alternos de diversos músicos; sin embargo, hay algunos cuyo camino parece estar dedicado completamente a la alternancia. Uno de ellos es Brian Eno: espíritu incansable en la búsqueda de algo significativo para la música. Instrumentista, cantante, compositor, productor, teórico. Tratándose de Eno, siempre se puede esperar algo bueno (hasta rimó).

Su carrera no podría describirse como una línea recta. Es, más bien (parafraseando a Borges), como un río que se bifurca en distintos caminos de agua. Algunos son más anchos o angostos; largos o cortos. Algunos se conectan entre sí; mueren y renacen. Otros más se conectan con otros ríos, formando caudales de trascendencia mística.

Aquí una recopilación de algunas colaboraciones entre Brian Eno y alguien más. Siempre alguien que, al igual que él, tiene algo relevante que decir musicalmente. La lista es variada y los sonidos lo son más. Como intrascendentes mortales, solo nos queda escuchar con atención y agradecer que personas como ellos decidan juntarse para hacer música. La fórmula “Eno + alguien” siempre es algo digno de escuchar.

Eno y Robert Fripp (o la guitarra ambient)

Para 1973, Brian Eno terminó su breve estancia en Roxy Music, aburrido de la vida de rockstar. En ese año comenzó su carrera en solitario, así como una serie de colaboraciones; ya lo decíamos: su andar por la música nunca ha sido un camino recto. El primero en ser escogido por Eno para trabajar juntos fue el guitarrista Robert Fripp, fuerza creativa y política de King Crimson, banda que ya había cobrado notoriedad en el mundo desde 1969.

Siempre curioso, Eno comenzó a experimentar con las cualidades ambientales de la música desde principios de los setenta. En 1972, invitó a Fripp a su estudio casero en Londres, fascinado por su manera de tocar la guitarra. Eno había estado experimentando con una técnica de grabación en cinta desarrollada por Terry Riley y Pauline Oliveros, la cual permitía crear largos loops. Fripp tocó largos pasajes encima de dichos loops; esta técnica llegó a conocerse después como “Fippertronics”.

El resultado fue (No Pussyfooting), álbum compuesto por dos tracks de aproximadamente 20 minutos de duración. Dos piezas densas, con múltiples capas sonoras, precedente de la música ambient que Eno desarrollaría unos años más tarde. La fórmula, con algunas variaciones (se adhirieron algunos sintetizadores y pianos), se repitió en Evening Star, de 1975. Aunque estos álbumes no fueron bien recibidos en su tiempo (eran vistos como una curiosa novedad), hoy quedan como registro de una incansable experimentación que influyó un sinfín de trabajos posteriores.

https://www.youtube.com/watch?v=VFQN6Ceatx8

Eno y Cluster (o el krautrock celestial)

Ya parece cantaleta decir que el bien Eno no descansaba en su búsqueda de nuevas expresiones musicales. Durante la segunda mitad de los setenta, realizó una serie de viajes a Alemania, donde se sumergió en el experimental mundo del krautrock (en esos mismos viajes colaboró con Bowie en su Trilogía de Berlín). De entre todos aquellos alemanes medio locos que conoció, sobresalen dos llamados Dieter Moebius y Hans-Joachim Roedelius, quienes formaban el dúo Cluster.

Activos desde 1971, Cluster fue una de las bandas pioneras del krautrock, con una tendencia bastante experimental y un sonido que le tiraba al progresivo. Fue en junio de 1977 cuando se reunieron con Eno en el estudio para tener unas cuantas sesiones de grabación. El resultado fue Cluster & Eno (1977), una mezcla equilibrada entre el estilo de Cluster con las ideas sobre la música ambiental que Eno trabajaba con fervor en aquellos años. Melodías suaves sobre loops repetitivos que crean múltiples texturas y atmósferas: un álbum para volar. De las mismas sesiones nació After The Heat, editado un año después bajo el nombre Eno Moebius Roedelius.

Eno y David Byrne (o el funk metafísico)

Llegaron los 80 y Eno encontró nuevas razones para seguir haciendo música. Sus viajes se extendieron hasta África, continente que dejó una profunda huella en su pensamiento y sensibilidad. Otras de sus obsesiones por ese tiempo eran el track “He Loved Him Madly” de Miles Davis y la película Amarcord de Federico Fellini. Por su parte, David Byrne se encontraba en su mejor momento con Talking Heads. Su relación con Eno había comenzado un par de años atrás, cuando el inglés produjo More Songs About Buildings and Food (1978), segundo álbum de la banda.

A este le siguieron Fear of Music (1979) y Remain in Light (1980), su álbum más aclamado, también bajo la producción de Eno; en el intervalo entre estos dos discos nació My Life In The Bush of Ghosts, la primera colaboración entre Eno y Byrne. Sumamente experimental, este trabajo se caracteriza por el uso de samples provenientes de distintas fuentes, como transmisiones radiofónicas, grabaciones de cantantes árabes y hasta la voz de un exorcista. Si bien el dúo no inventó el uso de samples, el álbum destaca por ser uno de los primeros en usarlo ampliamente, incluso como “voz principal”.

El interés por parte del dúo en la música africana se hace patente en este disco. Incluso Brian Eno llegó a describirlo como “una visión de una África psicodélica”. Los ritmos africanos predominan en My Life…, con la particularidad que algunos son producidos con objetos cotidianos como cajas de cartón o sartenes en vez de instrumentos de percusión. Todo esto bajo destellos de música del medio este y funk, lo cual resulta en una mezcla de estilos impresionante y un trabajo pionero.

Eno y John Cale (o el pop armónico)

La segunda mitad de los ochenta no vio muchos trabajos bajo el nombre de Eno, quien se concentró más en su labor como productor. En 1990 regresó con otro álbum colaborativo, esta vez con John Cale, antiguo miembro fundador de The Velvet Underground. Ambos músicos ya habían trabajado juntos en 1974, cuando ambos comenzaban sus carreras en solitario. Aquella vez se juntaron con Kevin Ayers y Nico, para grabar un único concierto que quedó registrado en el álbum June 1, 1974. Para 1990, ambos se volvían a reunir con mucha más experiencia acumulada.

El resultado de esta colaboración fue el álbum Wrong Way Up, editado bajo el nombre Eno/Cale. Este disco destaca por ser mucho más accesible que la mayoría del trabajo tanto de Eno como de Cale, ambos siempre tendientes a la experimentación. Wrong Way Up se acerca al pop, con destellos de electrónica y hasta de progresivo, todo bajo reminiscencias ochenteras. Uno de los momentos más exitosos de Eno, cuando su música se asomó un poco a la superficie del mainstream.

Eno y  Karl Hyde (la experimentación actualizada)

Uno pensaría que después de tantos años la creatividad se acaba y el cuerpo se cansa. No para Eno. Entre álbumes, instalaciones sonoras, más colaboraciones, soundtracks para películas y videojuegos, llegó incansable al 2010, año en que firmó un contrato con Warp Records. Esto significó una especie de nuevo aire para su carrera y un acercamiento con nuevas generaciones.

Entre los varios álbumes editados bajo esta disquera, destaca High Life, lanzado el año pasado en colaboración con Karl Hyde, miembro de Underworld (su segundo trabajo juntos). Este disco es una mezcla de estilos que combina electrónica y funk, recuperando varios elementos recurrentes en el trabajo anterior tanto de Eno como de Hyde. Seis tracks difíciles de definir tanto separados como en conjunto; sin embargo, son extrañamente accesibles y suenan a nuestro tiempo. Muy recomendable.

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