Adiós a los hoyos fonqui. El rock en México en los ochenta

El planeta Tierra, 1980. Los días son más cálidos y las noches menos largas. El mundo estaba experimentando un ligero periodo de paz, la Guerra de Vietnam se había rendido y la Fría estaba a punto de hacerlo; era el momento de comenzar a hacer dinero. Las industrias norteamericanas como IBM y Coca–Cola decidieron expandirse, haciendo de EE.UU una potencia económica y política; Europa se unificaba evadiendo los límites geográficos; Japón se había levantado de la destrucción y China se concentraba en crear sus propios medios para dominar el mundo décadas más tarde.

Sin embargo, la otra mitad del mundo (América Latina, África, etc.) resentía un atraso tecnológico, económico, cultural y político de 20 años a comparación con los otros países; la falla recaía en la mala organización y administración de los sistemas políticos: dictaduras perpetuas, monarquías sometidas a otras monarquías, una excesiva venta de recursos naturales para las potencias sin ninguna planeación a futuro; todo esto sin mencionar las malas condiciones de la educación.

México se encontraba (encuentra) en la parte rezagada del mundo. Para inicios de aquella década, el régimen priista seguía gobernando (chiste) pero sus fisuras ya eran más que evidentes. El país se dedicó entonces a venderse como el mejor de los destinos turísticos y explotables del planeta: “¡Ven, pon tu fabrica, explota nuestros recursos y usa nuestra mano de obra que no te cobraremos impuestos!” Los medios de comunicación tomaron su segundo aire y la televisión fue la carta de presentación de México al mundo.

¿Y la música? El rock había permanecido oculto en los hoyos fonquis. La clandestinidad y la prohibición eran los sinónimos más cercanos a éste género que se caracterizaba por ser subversivo, contestatario y marginal (en aquel tiempo). La década de los setenta se dedicó a sembrar la semilla de una generación que necesitaba ser escuchada no sólo por los propios jóvenes sino también por el gobierno. El Festival Avándaro fue la primer expresión masiva de música que gritaba “todo está mal y es culpa de todos” (sin mencionar que se salió de control). Todo esto influenciado por un tardío movimiento hippie mexicano y la inspiración de bandas como Led Zeppelín, Pink Floyd o The Doors.

La ligera apertura de las estaciones de radio y de los espacios públicos para la música le permitió al rock nacional levantar la mano y tomar los micrófonos. A principios de la década surgieron bandas como La Banda Elástica, La Caja de Pandora o Syntoma, que no sólo se atrevieron a exponer sus ideas, sino que las mezclaron y experimentaron con ellas, tratando de crear un rock progresivo amateur. Los estudios apostaron por estas propuestas y los primeros discos salieron a la venta.

El género dejaba de ser “malo” para convertirse en otra de las minas de oro de las disqueras; pero, a la par, el pop se trasformaba en la música de la década y cada día le ganaba un peldaño al rock. Fue hasta 1985 que el género se consolidó; las bandas que antes habían sido oprimidas buscaban una oportunidad en las disqueras trasnacionales (sellos discográficos como Warner que compraba a las disqueras independientes) que se comenzaban a interesar por el rock en español. El TRI (antes Three Souls in My Mind) graba su primer disco en 1984, titulado Simplemente, con el cual recorre todo el país y se coloca en las listas de popularidad, no solo en México; Latinoamérica pasa a ser el mejor mercado.

México no era el único país que dejaba una apertura, pequeña, al rock. Los países del sur hacían sus propios méritos; en el caso de Argentina, primer país en utilizar el idioma español para el género y primero en denominarlo como nacional, experimentaba el final de la edad obscura, un periodo de opresión al género del rock por parte del gobierno. El rock progresivo y el punk habían cavado sus raíces décadas atrás y los argentinos dejaron de experimentar para crear un rock más estético. Para 1983, bandas como Soda Stereo, Los Abuelos de la Nada, los punketos de Violadores, Rock de Mendoza y los jóvenes Enanitos Verdes serían los representantes de la nueva generación del rock argentino.

España experimentaba una situación similar: el franquismo moría y la denominada Movida Madrileña (1979-1985) se hacía sentir por todo el país. España, como era de esperarse, estaba más influenciada por el bloque europeo y la mayoría de sus bandas realizaban sus trabajos en otro idioma; su rock tenía un sonido más punk, new wave, metal; un rock crudo, fuerte, golpeado, pero siempre con un mensaje de rebeldía ante el gobierno en turno.

Para 1983, surgieron bandas como Parálisis Permanente, Los Pistones, Objetivo Birmania y Alaska, que comienzan a sonar menos rudos. Recordemos que España vivía una inestabilidad social, económica y política: la música rock surge como señal de agonía por parte de la juventud española. Para la mitad de la década, España recibe un pequeño respiro y las disqueras le apuestan al rock nacional.

Todo esto, en conjunto, le da a México una idea de cómo hacer un rock nacional, y aunque a principios de los años setenta la fusión de sonidos prehispánicos con las guitarras y las baterías había surtido efecto, era momento de crear algo “nuevo”, en teoría, porque fueron de gran influencia Argentina y España. Se creó el denominado “guacarock” una mezcla del rock con sonidos del mariachi, el son y el bolero. Botellita de Jerez surge como máximo exponente, seguido de Tex Tex.

El terremoto de 1985 pone en pausa al país; la economía y la sociedad quedan fisurados y la reconstrucción de la ciudad de México es el principal objetivo. Para 1986, las bandas argentinas y españolas llegan a México gracias a las disqueras; todos quieren escuchar a Enanitos Verdes o a Soda Stereo pero surgen entonces las primeras bandas homólogas en México: Caifanes, después del TRI, se considera en esta época la más popular, La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, Fobia, Kenny y los Eléctricos, inclusive los primeros trabajos de Maná son escuchados, Real de Catorce y Cecilia Toussaint aprovecharon el auge de la inversión en el rock para sacar sus trabajos previos.

En México, el rock en español o “en tu idioma” se volvió un movimiento más fuerte; el género pasa de ser satanizado a uno de los más lucrativos. Para finales de la década existen muchos más espacios abiertos para estos sonidos, los programas de televisión invitan a las bandas y, con la llegada del videoclip, el rock se expande por todo el país. La clandestinidad y la protesta se habían convertido en éxito y comercialización. Todo estaba listo para que en la década de los noventa el rock en español domine el continente.

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