The Normal Heart y la representación gay

Es 1981. Ned Weeks (Mark Ruffalo) está en el consultorio de la doctora Emma Brookner (Julia Roberts). Mientras lo revisa, buscando síntomas específicos de una nueva enfermedad —un cáncer que parece afectar sólo a los gais—, le dice que quizá él podría ser el líder gay que se necesita para concientizar a la comunidad.

—Nadie con cerebro se involucra en la política gay. No hay cabida para las críticas—explica Ned.

— ¿Qué es lo que tú criticas?

—Odio que nos hagamos las víctimas cuando la mayoría no tenemos por qué hacerlo.

—Entonces eres lo que se necesita ahora.

Larry Kramer, escritor, guionista y activista, escribió en 1985 The Normal Heart (Un corazón normal). Basando a Weeks, el protagonista, en sí mismo, Kramer cronica los primeros años de la epidemia del VIH en Nueva York y cómo un grupo de hombres intenta alertar al gobierno y la gente sobre esta enfermedad.

En 2013, Ryan Murphy adaptó la obra a la pantalla chica bajo la producción de HBO y Blumhouse — el estudio de Actividad Paranormal y La noche del demonio —. Murphy, ‘abiertamente homosexual’, creador de series como Nip/Tuck, Glee, American Horror Story y The New Normal, es el único ante quien Kramer cedió después de casi 30 años de haber escrito la obra. (Por mucho tiempo, Barbra Streisand tuvo los derechos; incluso en 1996 Kenneth Branagh y Ralph Fiennes se perfilaban para protagonizar su film, pero nunca se concretó, afortunadamente).

Dejando de lado los evidentes cambios, traslaciones y añadidos a la versión teatral, la película es muy pertinente: no se queda en la mera ilustración de la obra, pero consigue el mismo efecto. Escrita por el mismo Kramer, brilla tanto por su texto como por la visión de Murphy. Es la unión de dos generaciones distintas de estadunidenses preocupados por contar historias en las que lo gay trascienda no por su extravagancia, sino por su normalidad. Por eso una versión así, incluso en televisión, no hubiera sido posible antes de la segunda década de este siglo.

“No es por naturaleza que los hombres no amen: aprendemos a no hacerlo. Creo que eres un fanfarrón”. Felix Turner (Matt Bomer) a Ned Weeks.

Cómo se representa la homosexualidad masculina en la pantalla (grande y chica) varía de acuerdo con la década de producción. Es muy evidente, quizá: los films siempre retoman lo que pasa en lo social y el contexto en que se realizan; por eso evolucionan conforme la sociedad misma lo hace.

Desde 2010 hubo un cambio notorio en películas con una historia que gira en torno a personajes homosexuales. Quizá porque, por esos años, el matrimonio homosexual se comenzó a aceptar en algunos estados de EE. UU. y otros países. O porque en YouTube y las plataformas informáticas muchos chicos que antes se sentían solos en el mundo salieron del clóset y se dieron cuenta de que había muchos más como ellos. El punto es que los gais comenzaron, más que nunca, a formar parte de lo social y no sólo a ser algo extraño que irritaba el sistema.

Antes de ese año, la mayoría de los gais de las películas sólo eran de tres tipos: a) el travesti locochona o el amanerado simpático que sabe mucho de moda y sólo piensa en penes y es vulgar y bailarín; b) el chico u hombre que tiene un amor imposible —con algún heterosexual o gay— y que sufre muchísimo y tiene un final tragiquísimo en donde se queda solo, se muere o triunfa pero se le muere su amor verdadero o todo eso y la sociedad lo aborrece y pisotea, y c) el señor homosexual intelectual closetero que por ser el más sabio es casi asexual. Por otro lado están las coming-of-age de chavitos que apenas descubren su sexualidad (donde también casi siempre mueren o se les muere alguien para que aprendan de la vida), y las comedias-melodramas cuya única función es mostrar a hombres huecos con cuerpazos en escenas que rayan lo soft porn.

Por supuesto, estoy exagerando. Pero sólo un poco: en general las películas sí veían unilateralmente a los gais. Esto no significa que todas son malas; hay algunas muy interesantes, conmovedoras, divertidas o visualmente atractivas; mas reforzaban los clichés. Incluso los cineastas del “Nuevo cine queer”, como Gregg Araki (Piel misteriosa, 2004) o John Cameron Mitchell (Hedwig and the angry inch, 2001; Shortbus, 2006), se preocuparon mucho más por encontrar lo estético y extravagante de la (homo)sexualidad que en añadir lo gay a lo cotidiano.

En 2011, el inglés Andrew Haigh realizó Weekend, una pieza sobre dos hombres que se conocen tras una noche de sexo casual e interactúan durante 48 horas antes de que se separen para siempre. Con personajes muy bien delineados y una puesta en escena natural pero estilizada, es una de las películas que comenzó a mostrar, en una historia “gay”, caracteres más complejos sin dejar de lado lo que inherentemente los identifica como homosexuales.

En los años posteriores, ha habido otras películas que abren paso a una nueva narrativa de lo gay; que “cotidianizan” y ponen mejor cara a las prácticas homosexuales. Pero es en la televisión donde parece ser más sencilla esta apertura. Haigh también produjo y dirigió algunos capítulos de la serie de HBO Looking (2013-2015), un ejercicio similar a Weekend que narra el día a día de tres amigos gais en San Francisco. Patrick (Jonathan Groff, quien también sale en The Normal Heart) sirve de protagonista y está en la búsqueda del amor en el caótico siglo XXI, donde Grindr y el cruising son la forma más fácil de coger y pasarla bien, pero no de conocer a alguien profundamente.

Como Patrick, Ned Weeks —el alter ego de Larry Kramer— cree que el hecho de que la liberación sexual sea la bandera principal de la comunidad gay dificulta encontrar el amor. Al parecer esta época, a pesar de los cambios políticos y sociales, no es tan diferente a la de hace treinta años.

Y es desde este siglo XXI donde Ryan Murphy reconstruye los años ochenta. The Normal Heart sirve casi como documento de la paranoia y el miedo que vivieron los homosexuales cuando comenzó a esparcirse el VIH. Quizá el diseño de producción no es brillante ni sobresaliente más que funcional, pero logra recrear con precisión el malestar ochentero en la sociedad estadunidense. Esa sensación universal de impotencia porque el gobierno no hace nada, oculta y tergiversa datos, orientando a la opinión pública según sus intereses. Para retratar lo vertiginoso de esa época, Murphy hace que el encuadre siempre esté en movimiento, ya sea con cámara en mano o a través de dollys y el montaje rítmico.

Ned Weeks busca acabar con el malestar ochentero. Se convierte en un personaje trágico dentro de episodios melodramáticos. Utilizo “trágico” en el sentido más dramático de la palabra: es un protagonista que se enfrenta a la sociedad en la que vive y a la cerrazón y el miedo que tienen sus compañeros homosexuales, quienes quieren luchar desde el anonimato por miedo a las represalias. Y no es que sean cobardes; la vida les enseñó que es mejor vivir una vida “hetero” a ser rechazados. Pero Ned sabe que no puede ser víctima y esperar a que lo rescaten: tiene que luchar, aunque eso lo condene.

The Normal Heart es la primera película “gay” (más bien con un protagonista gay) importante de esta década del siglo. No sólo construye una narrativa sólida, llenando espacios que en la obra de teatro pueden parecer flojos, sino también mantiene una independencia estética que el formato televisivo ayuda a concretar. Pero sobre todo porque no ve a lo-gay como algo meramente sexual, trágico, melodramático, romántico o meloso, sino como todo eso a la vez. Como algo humano. Algo normal.

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