Déjà Vu por Giorgio Moroder

Giorgio Moroder

Déjà Vu

RCA; 2015

My name is Giovanni Giorgio, but everybody calls me: Giorgio”. Gracias a dos sujetos con casco, estas palabras marcarían un regreso necesario, y, más que necesario, urgente. Sobre todo en la música ahora llamada secamente “electrónica” (EDM, IDM, Minimal, House,etc.).

Porque antes solía ser dance o algo así. También música disco o música de antro para los chavorucos. Definitivamente, no es un término que se pueda cómodamente definir ahora y quizá tampoco en los próximos cien años. Ciertamente, el gran problema no es ese; el meollo es que la “electrónica” se está convirtiendo en una plaga, y más allá de quedarse en los clubs, en las fiestas o festivales, se ha vuelto de esos sonidos virales, algo que más allá de engalanar el oído, intenta estandarizar lo fácil, repetitivo o mal llamado ‘pegajoso’ para concretar una audiencia que se limita a divertirse y/o pasar el rato sin mucha complicación.

¿Está mal?

No, claro que no. Cada quien puede hacer de su vida un manojo de PSY. Pero luego nadie se conforma con el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl L y ahí si estallará nuevamente el: “¡No hay otro como Michael Jackson!”. Ni lo habrá. No lo esperen. No.

Con esto no espero convencer a nadie de nada, pero sí destacar y valorar ciertos sonidos o fórmulas por lo que son. Dicho esto, cabe aclarar que hay muchísima música cuya sonoridad podría considerarse ‘electrónica’ y como excelente, porque no se trata de criminalizar o estigmatizar el sonido y su clase, si no de constatar a la música de todo tipo de índole como merecedora de un respeto y hasta de una oportunidad, independientemente de su lugar de origen, producción, antecedentes, etc.

Un caso sería el de Daft Punk y otro muy claro/reciente es el de Jamie XX (ver reseña de su álbum In Colour).

¿Dónde deja a Giorgio todo esto?

El músico del futuro, como el mismo italiano se ha nombrado, es uno de esos legendarios señores que a sus 75 años aún se postra ante los escenarios, en este caso detrás de sus tornamesas, con el único motivo de verte bailar.

Muchos tuvimos la oportunidad de verlo cerrar en la edición 2013 del Festival Corona Capital y sin duda fue una experiencia bastante peculiar. Muchos estuvieron allí sólo por el hype provocado por el dúo francés y muchos más (donde me incluyo) solo por escuchar ese famoso remix de Donna Summer.

Pero una de las cosas que más se pueden destacar en el acto de Giovanni es como, a pesar de lo distante y omnipotente que puede ser un DJ manipulando la fiesta con sus beats y loops, la calidad con la que él ejecutaba su set, la familiaridad con la que intentaba hablar español y esos vagos comentarios de las raíces de su amada conyugue: Francisca Moroder, simplemente hicieron más que entrañable dicha presentación.

Todo lo anterior deja clara una cosa: necesitamos más gente haciendo música como el italiano.

30 años desde su último álbum de estudio

Parece fácil ser un genio y volver prácticamente cuando se quiere. Pero así como fácil, pues la verdad es que no es, ya que Giovanni no viene sólo con su Moog Modular del siglo pasado; lo hace también con un puñado de cantantes pop del momento, además de las imprescindibles Kylie Minogue y Britney Spears.

Un visión un tanto inusual debido a la distinguida carrera del músico. No cualquiera anda por la vida con 3 Oscar y sabiendo que hizo la banda sonora de Scarface, claro,entre muchas otras destacables cosas y colaboraciones – ¡bendito seas, Moroder!-. Pero esto sigue sin dejar despejado por qué ahora el productor escogió a gente como Kelis o Mikky Ekko entre muchas otras variantes posibles (Beyoncé, Katy Perry, Tay Tay, Mars, Tesfaye, etc).

Sin duda hubo muchas cuestiones a tomar en cuenta, pero Giorgio tenía claro algo en mente y ha logrado plasmarlo de una manera tan sencilla que parece nunca haber “abandonado” la industria.

Queda claro que es un disco para disfrute en todo momento y cuya mayor motivación son las esferas disco y, ahora, la pintura neón.

Contiene sencillos altamente detectables y una gran, gran cachetada, quizá demasiado magnificente, hacía lo que productores como Will.i.am-Guetta (Spears) o Sheehan-Wallevik (Minogue) hicieron en sus más recientes trabajos con las involucradas.

El álbum hará que bailes y recuerdes muchos momentos pop de todas las décadas, de las cuales él y sus sintetizadores del futuro han sido parte. Aun con todos los colaboradores en la placa, Moroder deja claro que su marca en el mundo musical es más que grandiosa y que cualquiera a su lado estará resaltado por el resto de sus días; y no porque haga perfección, si no por esa grandísima paciencia y calidad con la que ejecuta el proceso de sus discos.

¿Es el mejor de sus elepés?

No, pero queda bastante claro porque necesitamos Déjà Vu en pleno 2015. La música pop también se hace con calidad, sobre todo más allá del dinero invertido. Tal vez ni si quiera este en los charts del mundo. Pero nadie entiende el siglo XXI, no se preocupen.

¿Por qué deberíamos escuchar Déjà Vu? ¿Por qué Giorgio Moroder debe estar vivo?

Vamos, si no los he convencido a esta altura, nada ni nadie lo hará. Su único pecado ha sido la publicidad. Pero no la necesita ¡Es Giorgio Moroder!

Las recomendables: ‘Diamonds (Ft. Charli XCX)’, ‘Right Here, Right Now (Ft. Kylie Mogue)’, ‘Wildstar (Ft. Foxes)’ y ‘La Disco’.

‘Disco music never dies!’

@TheFrankSpoons

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