El éxito que dura 10 segundos: The Strokes

Un poco de delineador bajo las pestañas, alisar la mitad del cabello (que por cierto debe de ser obscuro), y no olvides los jeans ajustados, muy apretados del tobillo. Listo, eres casi igual a los chicos de esta banda que tocaban… sí, ellos, los que intentaron salvar el rock pero algo les falló. Se llaman The Strokes y fueron (son) una de esas bandas que reflejan exactamente lo que pasa en la música en este siglo.

Corría el 2001 y el mundo no se había terminado. El nuevo milenio pedía gritando una identidad, ya no podía seguir sonando al ritmo de los 90 y mucho menos debía de ser insultado por las antigüedades de los 70. El rock necesitaba, como todo en este siglo, una contemporaneidad, y si no la encontraba rápido corría el riesgo de perder su magia. Pero por fortuna la radio comenzó a tocar Is This It y el rock “retomó” fuerza.

The Strokes nació justo antes del 2000. Julian Casablancas quería exponer al mundo todo ese talento adquirido en Suiza en su pubertad, pero necesitaba de muchos más refuerzos: Nick Valensi, Albert Hammond, Jr., Nikolai Fraiture, Fabrizio Moretti. Juntos formaron una banda, misma que quería tomar las cosas con calma, pero que al darse cuenta de su talento, no pudieron resistirse mucho.

En menos de dos años, The Strokes ya había grabado su primer material de estudio, Is This It, disco que encantó a los odios de los críticos, del público y de la banda misma. Su influencia setentera era notoria, su técnica en los instrumentos era limpia y su capacidad para definir un estilo tan rápidamente sorprendió y hechizó a todo EE.UU., Reino Unido y el resto de Europa. La voz masculina y joven de Julián le otorgaba un toque de originalidad a las rolas, inclusive a los covers, pues estos sonaban mejor.

Se pusieron de moda. En un pestañear, los jóvenes tenían presentaciones en televisión, conciertos en todo el país y nominaciones como “artista revelación”, “mejor banda internacional” y “mejor álbum del año” en MTV, los Brit Awards y la revista NME. Como diría Hammond en alguna de las miles de entrevistas que tuvieron: fue sorprendente y lo mejor era que podíamos seguir haciendo “esto”. El siglo XXI tenía su propia banda de rock, algo que no pasaba en décadas.

Se adoptó a la agrupación por la necesidad de una identidad. El público estaba cansado que seguir escuchando los malos covers de los 70 o de tener que conformarse con el pop, pues el rock estaba estancado desde hace muchos años. La personalidad de The Strokes era lo que hacía falta: esa falta de interés por el mundo, la rebeldía del conformismo y todo el outfit desinteresado por el “qué dirán”. Elementos esenciales y perfectos para la juventud del nuevo siglo.

Para el 2003, la banda no se arriesga y entrega Room on Fire, segundo material que sin duda fue la cereza de su propio pastel. “Reptilia” se convirtió en uno de esos sencillos que todos querían tocar y se aprendieron en la guitarra, en el bajo y la batería. Esta rola pasó a convertirse en uno de los símbolos del siglo XXI. Vuelven a ganar.

Eran buenos, músicos que buscaban dejar un sello en la historia de la música. Sin embargo, la misma industria los explotó tan rápido que para los años siguientes las giras, los festivales, los shows en vivo y la manía de su música había fluido muy rápido. Sin pausas, el trabajo nunca cesó y los chicos parecían no cansarse de las grandiosas críticas y de los miles de dólares que estaban consiguiendo.

Sin embargo, no hubo forma de controlarlo. El éxito surgió tan de repente que solo pudieron sentarse a mirarlo y poco a poco la magia de una banda grandiosa comenzó a extinguirse. Con breves ausencias, los chicos lanzan First Impressions of Earth, pero esta vez la formula no pegó y los críticos comenzaron a empalagarse de los sintetizadores, las pausas con la batería y las letras pegajosas pero deprimentes; el 2006 parecía ser el fin de The Strokes.

Poco después se toman un tiempo entre ellos, no por malos entendidos o por falta de talento, sino porque era el momento de morir. Los chicos argumentan que los planes individuales tienen que volver a surgir, que es momento de guardar la guitarra para empezar de cero. Pero esa pausa pusó fin a una de las bandas más importantes del nuevo siglo; todos se cansaron de Julián y compañía tan rápido como llegaron a la fama.

La industria musical se ha convertido en una aspiradora de talento que lo exige de inmediato, no pierde el tiempo ni contempla el panorama. Lo único que necesita es un par de rolas estructuradas armónicamente y un par de chicos que quieran sonreír siempre, ellos se encargan del resto. Diario se estrena un video musical, se descargan millones de rolas por Internet y existen el doble de festivales que hace 10 años. Todo tan rápido, inmediato, instantáneo que dura poco.

The Strokes volvió a los estudios, re mezcló sus orígenes y regreso a los escenarios. Sin embargo, la banda olvidó que aquellos jóvenes del 2001 ahora son más adultos y que las nuevas generaciones necesitan algo diferente; tienen que empezar de cero y nunca esperar que la fórmula se repita, pues esa solo sirve una vez.

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