Sufjan Stevens: Carrie and Lowell

Sufjan Stevens

Carrie and Lowell

Asthmatic Kitty; 2015

Cuando se tiene una discografía tan impresionante como la de Sufjan Stevens, lo difícil es lograr que con cada nueva entrega se mantenga de esa forma. Stevens nos trae Carrie and Lowell, su tercer álbum oficial en diez años. Estos números pueden parecer bajos; sin embargo, la tardanza es en lo que menos piensa uno cuando escucha algo tan bueno.

La carrera de Stevens es una de las más consistentes e interesantes del siglo XXI. Quizá sus primeros álbumes, A Sun Came (2000) y Enjoy Your Rabbit (2001), no son obras maestras, pero daban cuenta de un talento en potencia. Después de un año de descanso, el enfant terrible del folk regresó con una triada de álbumes que lo establecieron como uno de los mejores músicos de su generación: Michigan (2003), Seven Swans (2004) e Illinois (2005).

Fue sobre todo en Illinois donde Stevens demostró todo su talento, donde fue más allá del folk, incorporando arreglos orquestales y complejos coros a sus bellas y sencillas composiciones. Parecía que, de cierta forma, su música había evolucionado, camino que se confirmó cinco años después con The Age of Adz (2010), una especie de sinfonía electrónica que poco tenía que ver con los orígenes folk de Sufjan.

Con todo lo anterior, era difícil predecir hacia donde se dirigiría la carrera de Stevens, que se movía entre álbumes navideños, colaboraciones con raperos y extravagantes shows en vivo. Pero Sufjan decidió dar vuelta y regresar al origen. Carrie and Lowell es, quizá, su mejor álbum, uno que llega en un momento de madurez del artista; pero que parece tener la fuerza e inocencia de un intérprete novato. Es un álbum que se siente contradictorio: nuevo y viejo a la vez.

Todos los elementos característicos de los primeros discos de Stevens están presentes, pero con más fuerza que nunca. Guitarras y pianos que parecen un mero acompañamiento, pero que si uno escucha con atención, tienen vida propia. La instrumentación de Carrie and Lowell puede ser escasa, pero nunca se siente de esa forma: es justo lo necesario.

También están las letras. Sufjan siempre ha sido un gran letrista, con canciones que cuentan historias personales y detalladas pero logran transmitir sentimientos universales al mismo tiempo. Y, al ser tan personales, pueden ser cantadas de una forma extraordinaria por Stevens. En Carrie and Lowell, la voz de Sufjan se escucha en uno de sus mejores momentos, con ese suspiro característico que se convierte en impresionantes falsettos de una tremenda hermosura.

Las letras personales siempre han estado presentes en la discografía de Stevens, pero Carrie and Lowell se acerca mucho a la autobiografía, y quizá en eso radique gran parte de su valor. El álbum es nombrado en honor a la madre y el padrastro del compositor. Carrie era bipolar y esquizofrénica, lo que ocasionaba que fuera adicta a ciertas sustancias. Lowell se casó con ella cuando Sufjan era un niño pequeño, representando esperanza en su vida. Carrie murió hace dos años de cáncer de estómago, suceso que empujó a Stevens a componer estas canciones.

Aunque esta vez fue para siempre, no era la primera ocasión que Carrie abandonaba a Sufjan. “Cuando tenía tres, tres tal vez cuatro, ella nos dejó en esa tienda de videos”, canta en “Should Have Known Better”, primer sencillo y una de las mejores canciones del álbum. El track homónimo del disco hace referencia a algunos viajes que la familia hizo a Oregon en ciertos lejanos veranos. Otras canciones relatan las consecuencias que la lejanía con su madre dejó en el Sufjan Stevens adulto y los sentimientos que llegaron después su muerte. En todo el álbum hay lágrimas, sangre y muerte.

Más que nunca, el mismo Sufjan es la historia que cuenta. Es un disco sobre su niñez y su familia, sobre su crecimiento y sobre él como adulto. Puede sentirse la depresión y la soledad, pero también la fe y el renacimiento, que se da en la música misma. Además de todos estos elementos separados, la gran virtud del álbum es la perfecta conjunción entre fondo y forma. Las letras son hermosamente devastadoras, y Sufjan encontró la forma perfecta de expresarlas por medio de las melodías, ritmos e instrumentación adecuadas.

Fuck me I’m falling apart”, canta Stevens en “No Shade in the Shadow of the Cross”. Una línea como esta nos deja ver el nivel de honestidad que dejó en Carrie and Lowell. Y, a fin de cuentas, es algo que se agradece en cualquier trabajo de arte. Este álbum se siente como si escucháramos a Sufjan Stevens por primera vez, en su forma más íntima y pura, pero con la experiencia de quince años de carrera. No cabe duda que se trata de todo un acontecimiento.

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