Kingsman: el cómic en movimiento

Hace cinco años se estrenó Kick-Ass: un superhéroe sin poderes (2010) en México. No la vi en el cine. La pude ver hasta que estuvo en DVD. Basada en un cómic de Mark Millar, causó controversia por su violencia y posicionó a Chlöe Grace Moretz —quien sólo tenía 13 años— como una de las actrices infantiles más cool en su papel de la malhablada súper niña Hit-Girl. Pero sobre todo colocó al director y productor inglés Matthew Vaughn por su estilo e ingenioso guion que escribió junto a Jane Goldman, su co guionista de cabecera.

Goldman y Vaughn —quien antes de Kick-Ass le produjo películas a Guy Ritchie y dirigió Layer Cake (2004) y Stardust (2007)— regresan este año con otra adaptación de Millar: Kingsman: El servicio secreto.

Su premisa es simple: Eggsy (Taron Egerton), un adolescente londinense de clase media, es reclutado Galahad (Colin Firth) para entrenar y convertirse en un Kingsman: un elegante y mortífero agente secreto. Al mismo tiempo, el villano ultramillonario Richmond Valentine (Samuel L. Jackson) tiene un plan malévolo y despiadado para depurar al planeta a través de la tecnología.

Kinsgman… es del tipo de películas que se arruinan si las analizas demasiado. Es entretenimiento puro, no apto para pensarse de más. Vaughn, quien desde es el 2011 entró a la franquicia X-Men como director y escritor, repite la estética de cómic que plasmó en Kick-Ass.

Quien se vaya con la finta, podría creer que es una cinta de acción donde el héroe tiene a un maestro sabio que lo guía para sacar lo mejor de él. Y sí, pero no. Las películas de acción  son más bien el pretexto para que elmetaguión se burle de la fórmula de James Bond, Jason Bourne y otros; es un homenaje satírico a la representación de los espías que trabaja por la técnica y lo visual, con parámetros estéticos digitales similares a los que Sin City (2005), 300(2007), Watchmen (2009) y Se busca (2008) establecieron.

Y es que, insisto, quien espere acción desbordada y “seria”, mejor espere a la nueva cinta Bond de Mendes. Kingsman… está movida por la estilización: las peleas se ven muy compuestas digitalmente, con carácter plástico que intenta emular los gráficos del cómic. La sangre es tan exagerada y computarizada que parece de videojuego.

La película oscila entre un mundo posible —por el contexto social y la mención de famosos—, y acciones y personajes inverosímiles —Sofia Boutella, la chica Nike que asiste al villano, con piernas metálicas que incluso pueden rebanar a alguien a la mitad—. Tienes que estar dispuesto a creértelo para disfrutarla. Me sorprenden mucho los comentarios en internet de quienes la califican como gore o aburridísima: sin la escena que censuraron ni siquiera hay tanta violencia y, la que hay, es demasiado divertida como para causar pedos mentales.

¿Por qué hablar sobre ella? ¿Por qué no de alguna de FICUNAM o Ambulante o los nuevos estrenos del cine mexicano?

De vez en cuando hay films que nos recuerdan qué tan entretenido puede ser ir al cine. El año pasado tuvimos Guardianes de la galaxia y X-Men: Días del futuro pasado, entre otras. Este 2015, vuelven los Vengadores. Y, sin embargo, casi todas las películas de superhéroes, de acción, nos piden que creamos con seriedad en el mundo que construyen; nos hacen emocionarnos y nos manipulan sin que nos demos cuenta. En cambio, Kingsman… jamás se toma en serio ni nos pide que nosotros lo hagamos: es la burla de la burla.

Si bien el estilo visual híper veloz digital es lo que sostiene la película, también lo hace la chispa de Goldman y Vaughn, y las secuencias donde el desfile de efectos visuales se hace presente. Si eso no basta, sólo por ver a Sam Jackson ceceando y caracterizado como una caricatura de Spike Lee y Russell Simmons vale la pena.

Aunque narrativamente quizás es inferior a los trabajos anteriores de Vaughn, al final cumple. Con la violencia, no sé: tendremos que esperar a verla en algún formato casero. Algo es seguro: es un trabajo más cercano a Edgar Wright que a Austin Powers —con todo y que sale Michael Caine—. Al menos yo me siento menos culpable de no haber visto Kick-Ass en el cine.

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