Whiplash y la infructífera polémica (o la crítica de la crítica)

El joven director Damien Chazelle tomó por sorpresa al mundo del cine con Whiplash, recorriendo un sendero de gloria que lo llevó de los aplausos en Sundance a las estatuillas doradas de la Academia. El relato (basado en experiencias propias) de un joven y ambicioso baterista de jazz y su abusivo y  estricto maestro ha dado de qué hablar en muchos sentidos. Sin embargo, no todo lo que se dice de él son elogios y alabanzas.

Y es que, a decir verdad, Chazelle se adentró en un mundo que no admite malos entendidos ni discursos a la ligera. Los aficionados del jazz no son como cualquier fan de Madonna, por decir algo (lo que no quiere decir que sean mejores). Y ni hablar de los críticos especializados o los mismos compositores e intérpretes. El mundo del jazz es uno de los más elitistas dentro del ámbito musical, por lo que una película sobre ello se arriesga a caminar en terrenos pantanosos.

Las críticas negativas al filme destacan diversos aspectos que, para algunos, demeritan su valor. Hay quienes hablan de las distorsiones en la historia del jazz, de algunas anécdotas que se acomodan al universo y la intención del filme. Y tienen razón. Pero, bueno, no es la primera película que hace eso; de hecho, el cine lo hace todo el tiempo, porque existe algo que se llama ficción, que no tiene por qué respetar rigurosamente los hechos acontecidos en la realidad (a menos que sea su intención). En el cine se puede decir que Magneto estuvo involucrado en el asesinato de John F. Kennedy.

Los mismos músicos han salido al quite para desmentir lo que Chazelle presentó en pantalla. Que si Miles Teller se mueve falsa y ridículamente, que no ensaya de la manera correcta, que no trabaja los dedos, que la velocidad como única meta es un absurdo. Una vez más, tienen razón. Como alguien que estudió y practicó música, puedo decir que, si tu mano sangra al tocar, es porque algo estás haciendo mal; el instrumento no debe lastimar una vez que la dominas. Sin embargo, el camino para llegar a ese punto es demasiado largo. Creo que todo músico con un mínimo de disciplina ha tenido cayos en los dedos o ampollas en la palma de la mano.

Luego está el hecho de la representación del mundo del jazz y las aspiraciones musicales. Los detractores tienen razón de nuevo… en parte. Whiplash hace alusión a dos figuras reconocidas del jazz: Buddy Rich y Charlie Parker. Los muestra como inspiración y aspiración del joven Andrew Neiman, quien estudia en un conservatorio. Lo cierto es que aquellos dos grandes músicos se formaron en la calle y, además, no eran alabados por su gran técnica, si no por el increíble feeling que transmitían a la hora de tocar.

El filme solo hace alusión a la parte técnica de la música, al dominio del instrumento mediante la disciplina férrea e, incluso, el sufrimiento. Sí, quizá se olvida de esa otra parte, del alma. En defensa del filme, podemos decir que era lo que su premisa y su forma narrativa necesitaban. Tal vez sea una visión parcial, pero, en términos de la propia película, funciona de maravilla. Puede que no sirva de nada tener técnica sin nada que decir, pero eso también funciona a la inversa: puedes tener mucho que decir, pero no sirve de nada si no sabes cómo hacerlo.

En otra cosa tienen razón los que, casi, casi, quisieran vomitar la cara de Chazelle. Whiplash es exagerada, y lo es de muchas formas. Cualquier maestro con el comportamiento de Terence Fletcher habría sido despedido mucho antes que el personaje. La relación entre maestro y alumno es llevada a límites bastante altos en el filme, algo que sería extraordinario ver en la realidad. Pero, otra vez, esto funciona dentro del filme y lo ayuda para contar su historia.

La verdad es que Whiplash no resulta tan inverosímil como algunos señalan. Se enfoca en un ámbito de la música donde la técnica es importante, simple y sencillamente porque se trata de una escuela de música. No trata sobre músicos callejeros, si no sobre un alumno de alto nivel que debe ganarse un lugar en una orquesta, la cual compite con otras para que sus miembros se hagan notar. Para muchos, la película no representa fielmente la enseñanza y el aprendizaje musical, pero cada quién habla como le fue en la feria. No creo que Chazelle esté muy alejado la realidad cuando muestra los extenuantes ensayos de varias horas, la competitividad entre compañeros y a músicos de escuela que no pueden tocar sin una partitura enfrente.

Y aunque los detractores de Whiplash tengan razón en sus quejas, todo se viene abajo cuando recordamos, aunque parezca obvio, que estamos hablando de una película. Parece absurdo valorar una obra a partir de aspectos tan superficiales. Todas las películas distorsionan la realidad, todas la exageran y la manipulan para contar una historia. El cine no es la realidad. Damien Chazelle no quería representar fielmente el ambiente del jazz o de las escuelas de música; él quería contar una historia de ambición y obsesión, de la pérdida de la cordura por obtener lo deseado (uno, ser el mejor; el otro, hacer al mejor).

Juzgar así a Whiplash es tan absurdo como decir que Indiana Jones apesta porque no representa verdaderamente a los arqueólogos. Esas críticas negativas nunca hablan de la película como película. Nunca hablan del excelente guion, el cual lleva al protagonista al infierno y de regreso. Los personajes están muy bien construidos; sabemos lo que tenemos que saber de ellos para que la historia camine. La actuación de J.K. Simmons es una de las más memorables de los últimos años, y la dirección es sobresaliente.

Pero lo que más resalta de la película es el montaje. Es este el que nos lleva de cara a cara, de baqueta a tambor, del llanto a la euforia. La secuencia final se vuelve un duelo de proporciones épicas entre alumno y maestro de una emoción tremenda. Y, en este gran final, Whiplash debería satisfacer a sus detractores, al darle su lugar al alma a la hora de tocar. Chazelle, al menos en este filme, demostró tener una técnica depurada y nos regaló una ejecución con mucho feeling.

Homo sapiens | CDMX | Periodismo musical | Producción audiovisual

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