¡Rápido! ¡Hagamos una banda!

Si algo caracteriza a la Internet, es la inmediatez. Sólo hace falta tener acceso a la red para producir y consumir información en todo momento, en diversos formatos y tantas versiones que hemos llegado a la exageración. Ahora estamos propensos a encontrar noticias falsas, obligados a corroborar en diferentes fuentes que, de igual manera, sobran.

Es tan sencillo abrir una cuenta en cualquier plataforma para comenzar a compartir contenido que parecería  tonto detenerse ante las ganas de expresarle algo al mundo cuando tantos lo están haciendo y encuentran público interesado.

Pero, ¿es así con la música? Podría afirmar que sí.

A la producción musical se le valora por su calidad, su innovación, su trascendencia e incluso su originalidad (algo difícil de conseguir en la actualidad). Se aplaude cuando una banda logra consolidar un sonido pues, donde sea que se escuchen, se reconocerían por eso: su sello, su estilo. Si bien va, se encuentra en un segundo álbum. Esta característica se logra con años de trabajo y paciencia detrás.

Pero estos términos parecen ajenos a esta era donde Internet hace todo más rápido. Es decir, la democratización de la información ha llegado a la existencia de tutoriales para tocar instrumentos e, incluso, apps para crear melodías: los músicos de la inmediatez. 

Tenemos agrupaciones preocupadas primero por tener dónde tocar y un perfil en Facebook, y luego, por la calidad musical para ofrecerle al público. Así como bandas que, con menos de dos años de haberse formado, tocan en festivales por sus éxitos subidos en Soundcloud o Youtube sin siquiera afianzar las relaciones entre los propios miembros para alcanzar un objetivo común.

La realidad es que ahora vivimos en la era del single, por llamarlo de alguna manera. Sin un disco formalmente trabajado tenemos bandas tocando en escenarios nacionales e internacionales con sustanciosos séquitos de fans gracias a un EP trabajado de manera casera, y que representa sólo el primer intento de la banda por crear algo propio. Esto sólo fue posible hasta este siglo. ¿Es acaso que el ser músico también se ha vuelto algo efímero y que el quehacer musical se ha convertido en cumplir el sueño “rockstar”?

No hay nada malo en ser autodidacta, tampoco en hacer uso de los medios digitales para compartir los nuevos proyectos, y mucho menos en subir un álbum completo en plataformas como Bandcamp o Spotify. Después de todo, producir un álbum físico no es fácil. Sin embargo, habría que detenerse a reflexionar el porqué hay producción musical generándose de esta manera. Si hay espacios para exponer la música y hay espacios para aprender a hacerla, ¿por qué no tomarse el tiempo para pensar en qué se quiere crear y por qué hacerlo? Por supuesto, las bandas merecen escenarios para presentarse, espacios de difusión y oportunidades de creer en ellos; pero también deben ofrecer trabajos honestos, de calidad, compromiso con su trabajo musical y que, de alguna manera, le ofrezcan algo a quien va a escucharlos. El trabajo a la antigua no es un desperdicio de tiempo en épocas de lo inmediato: profesionaliza los resultados y hace duradero lo que podría ser más que el hit del año.

@aann_soblue

Escucho luego escribo.

Deja un comentario