Carreteras de papel

Los viajes pueden ser largos o cortos, también pueden ser agradables o sumamente agotadores, de placer o trabajo, e incluso, reales o imaginarios. Cuando pensamos en viajar, lo relacionamos con hacer maletas y abordar un avión (un auto, camión o cualquier cosa), pero siempre nos olvidamos de las distancias que el pensamiento es capaz de recorrer en un instante.

Sé muy bien, que este es un discurso un tanto repetitivo. Sin embargo, creo que es importante recuperar éste aspecto de la música. Y la literatura. Es decir, sería ingenuo pensar que viajar se limita a desplazarse de un lugar a otro de manera física, ya que podemos hacerlo de muchas otras maneras.

Pero, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? Bueno, creo que la conexión entre los viajes y la lectura es evidente. Siempre hemos escuchado a los amantes de la literatura hablar acerca de cómo se pueden visitar múltiples sitios y épocas por medio de un libro. No obstante, pocas veces han dicho que si eso es posible, es gracias a que los escritores ocupan  a la música como una herramienta clave para lograr transportar a sus lectores.

Por ejemplo, el aclamado escritor Haruki Murakami, suele hacer uso de la música en la mayoría de sus novelas. Casi siempre menciona canciones de blues o jazz para dotar al ambiente de una atmosfera particular, en donde siempre hay música de fondo. Entonces, cuando recuerdas el libro lo haces pensando en música, tal vez no recuerdas la canción, pero sabes que estaba ahí.

Otro ejemplo particular podría ser la novela titulada Diablo guardián de Xavier Velasco, en la que la canción de Iggy Pop The Passenger siempre acompaña a la protagonista en sus momentos más alegres y miserables. Gracias a esa canción, la historia se completa, ya que le da a ella características que las palabras no siempre logran dibujar y te ayuda a pensarla de manera realista, como si hubiera existido en algún momento.

La música como reflejo de una idea, un momento o una historia es perfecta para lograr que la travesía del lector se complete de manera exitosa. Le da las herramientas para que su mente logre hacer el viaje que se propone hacer y lo vuelve más vivido y agradable.

Cada libro es un viaje diferente a un destino distinto, y cada canción es también un viaje en sí misma, pues ella no requiere de un libro para lograr que quien la escucha se transporte a cualquier otra parte (y quienes escriben lo saben, por eso incluir soundtracks en los libros es cada vez más común).

Así pues, no es necesario que soportes horas sentado junto a un desconocido para realizar un viaje. Tan sólo tienes que buscar un libro –o un disco– y dejarte llevar. Es barato, es cómodo y es para siempre.

@Tunatomica 

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