¿Por qué nos gustan los MTV Unplugged?

Estaba dispuesta a comprar un par de discos para regalar en las próximas fechas, uno de Pink Floyd y la última joya de TV on the Radio, mientras mis ojos daban una breve hojeada al resto de la música compacta. Por un momento, mis pupilas se toparon con un estante lleno de la nueva adquisición de MTV: sí, Kinky ya tiene un Unplugged. Sabía que algo me faltaba en la vida, pensé, pero la verdad es que ese disco no me llamaba la atención; sin embargo, despertó en mí la sensación de querer adquirirlo sin pensar antes en el contenido.

Aquellos grupos/solistas que llegan a un punto de su carrera que es “estable”, son recluidos por el canal de videos para que hagan lo mejor que saben (o de eso se trata), y es que aquellos seleccionados ya tienen en su poder uno que otro éxito inconfundible, un estilo fijo y un cierto grupo de seguidores leales que comprarían cualquier cosa que sacaran. Ya sabíamos que los noventas fueron una década extraña, ya no se trataba de surgir como “nueva revelación” si no de mantenerse en el nuevo milenio.

Fue en esta década donde MTV –por accidente o por una buena mente en el área de contenido– se decidió a transformar la sonoridad y visibilidad de la música, grabar los conciertos acústicos o presentaciones que ciertos cantantes tenían y transmitirlos por televisión, el medio de moda. A los estudios del canal llegó Paul MacCartney en 1991 para ser uno de los primeros  participantes de la serie acústica, y junto con Eric Clapton, crearon el monstruo de los ya famosos MTV Unplugged.

¿Cuál es su objetivo? En un principio solo era presentar en un show más íntimo al cantante, desconectado y desnudo frente a su música. Pero cuando el disco Unplugged de Clapton  se convirtió en el más vendido de ese año, el show bussines comenzó. Su génesis sigue conservándose, pero ahora no solo ofrece un mini concierto, si no que requiere de toda una producción visual que conquista a cualquier fan de la buena música; un estudio, unas 6 cámaras, un pequeño y selecto grupo de invitados, muchos instrumentos y (por obviedad) una banda son los elementos indispensables para crear un Unplugged.

El artista se coloca en medio del público y justo en ese momento, se graba, se interpreta, se hacen duetos, se experimenta… se improvisa y de la nada se tiene un nuevo disco de la víctima en cuestión. Se puede entender como un reto: la agrupación demuestra si es o no capaz de renovar sus antiguos éxitos, de crear nuevas melodías, de mezclar géneros y de ofrecer un show lo más armónico que se pueda.  Su talento se pone en cuestión al tener que hacer dos cosas al mismo tiempo que son muy complicadas por si solas.

Grabar y ofrecer un concierto son piezas claves de la promoción de un material de estudio, piezas que se generan por separado y con distancias muy largas entre una y otra. Estas dos etapas de la producción de un producto audiovisual vienen unidas en las sesiones del canal y  pasan al mismo tiempo siendo esto lo original del formato. El Unplugged genera una cierta sensación de exposición, un examen, prueba que las agrupaciones deben presentar y es por eso que solo pocos pueden hacerlo y ningún novato es invitado a dicho examen. El canal, por su parte, no apostaría toda una producción acústica a un solista joven que no está posicionado en el negocio.

Artistas como Mariah Carey han realizado un disco Unplugged por el solo hecho de demostrar el alcance total de sus cuerdas vocales. Hablando de América Latina, podemos encontrar que bandas como Los Fabulosos Cadillacs, Café Tacvba, Soda Stereo, La Ley, Caifanes, entre otros, han realizado producciones de una excelente calidad, pues reconstruyen sus piezas originales y comparten el escenario con compañeros muy ajenos a su estilo musical.

El simple hecho de tener que demostrar por qué fueron seleccionados para crear un Unplugged genera en el solista o la banda una nueva oportunidad para corregir ciertos errores que pudieron haber cometido, como en el caso de Panda; o sirven para que al fin su nombre se quede fijo en las listas de popularidad: Zoé es un buen ejemplo. También encontramos grupos tan ajenos a la línea del canal que nos sorprende la sincronización que generan al exponerse a una nueva mezcla de géneros como Los Tigres del Norte, Pepe Aguilar o Roberto Carlos.

Todos estos elementos nos pueden resolver la duda principal: esa necesidad de encontrar algo nuevo y original en lo ya escuchado nos mueve para seguir comprando los MTV Unplugged que el canal seguirá produciendo. También tenemos la seguridad de que los grupos y solistas seguirán aceptado el contrato, pues nadie quiere perderse la oportunidad de ser conocido internacionalmente a través de MTV.

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