“What we play is life”: Louis Armstrong

Si algo bueno han dejado las precarias condiciones sociales en el sureste de Estados Unidos es la música. Generaciones de músicos afroamericanos de esta región han superado el racismo y la miseria para demostrarle al mundo sus raíces rítmicas. Los mapas señalan a Nueva Orleans, Luisiana como la cuna del jazz y de un trompetista y vocalista que llegó a revolucionarlo: Louis Armstrong.

Nacido en 1901, hijo de madre adolescente, Armstrong creció bajo el cuidado de su abuela, sin lujos, sin juguetes y poca ropa. Su tiempo se dividía en ir a la escuela y hacer trabajos para llevar dinero a casa. La exposición musical que Nueva Orleans ofrecía cada noche llamó su atención y con la ayuda de los Karnofsky, una familia de inmigrantes judíos para los que trabajaba, compró una corneta usada.

A los 11 años dejó la escuela para dedicarse a transportar carbón. Pero nunca dejó su corneta y comenzó a tocar en las calles con un grupo de amigos. Un incidente en 1912 lo llevó a estar en un reformatorio infantil, donde se quedó durante 18 meses. A su salida, perfeccionó su técnica y para 1918 ya era reconocido en la escena local.

Se integró a varias bandas y cambió la corneta por la trompeta. Su segunda esposa, Lil Hardin, lo motivó a iniciar una nueva banda de jazz llamada Louis Armstrong and His Hot Five. Grabaron varios discos y la popularidad del trompetista fue aumentando, llevándolo a lugares como Chicago y Nueva York. En 1930 se mudó a Los Ángeles, donde apareció en su primera película y a los pocos años realizó su primera gira en Europa.

La recuperación después de la gran depresión en 1929 también afectó a la música. Las grandes bandas de jazz se desintegraban porque mantenerse era casi imposible. Armstrong juntó una banda pequeña con cinco integrantes más y la llamó Louis Armstrong and his All-Stars. Salieron adelante con muchas dificultades monetarias y de estilo, porque no todos estaban de acuerdo con las declaraciones antirracismo de Louis y su manera rasposa de cantar.

A Louis Armstrong no le gustaba estar en bandas porque sentía su creatividad limitada.  Él siempre lograba convertirse en la figura central porque introdujo técnicas e improvisación inigualables. Todas las piezas llevaban una huella de originalidad y pasión que inspiraba a músicos y audiencias. Gracias a él, se demostró que el jazz puede lograrse con una sola persona sin necesidad de tener a una gran banda detrás.

El parte aguas llegó hasta 1964: “Hello, Dolly!” escaló las listas de popularidad y tumbó a The Beatles del #1 de Billboard. Louis Armstrong, de 63 años, se convirtió en el cantante más viejo en tener una canción en ese puesto. Su popularidad se expandió mundialmente, lo que le llevó a explorar otros países e idiomas, como el italiano.

Los últimos años de su carrera fueron incomprendidos en Estados Unidos. En 1968 lanzó “What a Wonderful World”, una canción que pretendía ser optimista ante los cambios raciales y políticos y que sólo Armstrong podía interpretar porque su música simbolizaba esa unión de razas. Los jefes de su disquera, ABC Records, no estaban de acuerdo y decidieron no promoverla. Por el contrario, en el Reino Unido se convirtió en el #1 por varias semanas y fue el sencillo más vendido de ese año.

La popularidad de la canción llegó hasta años después de su muerte, cuando fue utilizada por diversos programas de televisión o para animar a los estadounidenses durante la Guerra de Vietnam. Hoy en día, se han vendido más de dos millones de descargas de “What a Wonderful World”, tan sólo en Estados Unidos.

Louis Armstrong murió en 1971 a causa de un infarto, el cual lo atacó mientras dormía en su casa en Nueva York. Sus funerales llegaron a la televisión nacional y figuras como Ella Fitzgerald, Bing Crosby, Ed Sullivan y Frank Sinatra estuvieron presentes para darle el último adiós. A pesar de todas las dificultades, la voz de Louis Armstrong siempre estará aquí para recordarnos que vivimos en un mundo maravilloso.

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