Nada que demostrar. Lullaby and… The Ceaseless Roar de Robert Plant.

Robert Plant

Lullaby and… The Ceaseless Roar

Nonesuch/Warner Bros; 2014

Hay una extraña tendencia a pensar que los músicos ya consagrados no pueden aportar nuevas formas musicales, cosa totalmente errada en una escena que parece producir más de lo mismo. Esos grandes músicos de glorias ya muy pasadas, a menudo nos dan valiosas lecciones al sacar un nuevo álbum. Sin duda, es el caso de Lullaby and… The Ceaseless Roar, la nueva producción de Robert Plant.

Con una constante experimentación y una búsqueda de nuevos sonidos de diferentes lugares del mundo, los cuales adapta a su muy interesante manera de hacer música, Plant nos regala una placa de 11 tracks donde cada uno es diferente en cuanto a textura e intención, teniendo un cierto cambio en el trabajo que viene realizando desde hace unos años.

Comenzamos con “Little Maggie”, canción que nos da la bienvenida con un ritmo constante, que se complementa de forma certera con un suave canto que solo Plant puede lograr. Con un banjo que nos remite a sonidos sureños de Norteamérica y unos beats electrónicos que se acompañan con pequeñas intervenciones de sintetizadores que dotan de circularidad a la melodía, comienza el viaje y se nos adelanta un juego de sonidos y formas poco usuales.

Con “Rainbow”, primer sencillo del disco, hay un cambio notorio. Los tambores nos dan la bienvenida a diversas ejecuciones en la guitarra y una voz que juega con diversas tonalidades, dando una sensación de circularidad y diciendo que por si sola podría hacer el trabajo, aunque los bajos y el sintetizador le dan toda esa atmosfera necesaria.

La búsqueda de nuevos ritmos se hace presente, la experimentación con las diversas posibilidades de una caja de ritmos y sonidos del medio oriente dan como resultado un sonido poco utilizado. Con un tenue canto, algunos atinados efectos y la firmeza de Plant, está canción tiene, sin dudarlo, esa especie de circularidad que se da al escuchar un patrón que va mutando sin deformar la idea original.

Con este juego de atmosferas que proporciona la correcta utilización de sintetizador y bajo, se van dando pinceladas de un track muy completo. “Embrace Another Fall” logra combinar la tranquilidad que se rompe totalmente de un momento a otro, con esta sensación de medio oriente, una guitarra que rompe la melodía lograda y le da un giro total, para que después entre una voz femenina y nos lleve nuevamente al principio. La atención ahora está fijada totalmente en lo que pueda venir.

En “Turn It Up”, el juego con el ritmo y el sonido nos va guiando hasta llegar a una  guitarra incisiva que nos arroja más al rock y menos a la experimentación –que no deja de estar presente– en esa estructura solida que se va logrando.

“A Stolen Kiss” parte a la mitad el disco, pues el cambio es brutal. Con una atmósfera melancólica, que se crea con el piano y la voz, este abrupto giro no pasa desapercibido y es inevitable pensar en lo que se iba construyendo; se disminuye la intensidad.

El paso lógico a esta variación se da con “Somebody There”. Canción sin alguna propuesta experimental y hasta con cierto “sentido común” en la música; pero, con la voz de Robert, las dimensiones e intenciones de la canción se logran totalmente. Otro giro; “Poor Howard” nos arroja un banjo que logra retomar ese ritmo conciso nuevamente, incluso dejando ver destellos de country sin llegar a serlo totalmente, lo que no limita a la canción, la potencia a proponer algo más y no encerrarse en un sonido.

Continuamos con “House of Love” que recurre al sintetizador para poner la base y que, de cierta forma, retoma esa circularidad, cosa que no evita una cierta caída en lo que escuchamos anteriormente; sin embargo, nuevamente la voz llena ese hueco y va subiendo su nivel de complejidad, dando un giro total a la mitad de la canción, que es el regreso a esta sensación musical de medio oriente.

“Up on the Hollow Hill (Understandin)” es un cierto regreso al sonido presentado al comienzo del disco. Con una guitarra llena de pedales de delay, reverb y algunos otros, concretos arreglos vocales, progresión rítmica que hace un contraste con el canto que Plant ejecuta y que llena los huecos que los instrumentos van dejando, podemos decir que la interrupción abrupta de la mitad de la placa, regresa hasta el final.

Por último nos encontramos con “Arbaden (Maggie’s Babby)”, una corta canción que conjunta los diversos elementos explotados a lo largo de la placa. Sintetizadores que crean atmosferas sin problemas y se agudizan con un cambio total de ritmo de un momento a otro. Todo esto con una difusa experimentación de la voz de Plant y diversos efectos aplicados a ella; cierra con este mensaje claro, continuar con la búsqueda y propuestas nuevas.

Lullaby and… The Ceaseless Roar deja un mensaje claro: las nuevas propuestas musicales no siempre deben de venir de los nuevos artistas de la escena. En ocasiones, los músicos que pensábamos ya habían dado buena parte de su talento, sobresalen con música totalmente diferente a la que hacían en sus años de gloria. Este caso encaja perfecto en Robert Plant y su ambición de seguir generando propuestas solidas.

CEO en Afónica Magazine l Periodista musical l Productor Audiovisual

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