Primavera Sound 2014: Crónica de una mexicana en Barcelona

El mar Mediterráneo y los grandes hoteles de Barcelona enmarcan el Parc del Fòrum, recinto que año con año recibe a las miles de personas que deciden aguantar el Primavera Sound, festival de tres días con jornadas que comienzan a las 4pm y terminan a las 6am.

Primavera Sound es un festival de largo aguante, y no sólo por el horario, también porque el recinto es enorme. Con el paso de las horas la comodidad gana y cruzar para ir a los escenarios más alejados es algo que es preferible no hacer.

Llegar al Parc del Fòrum en el metro es sencillo. A diferencia de México, saliendo de la estación correspondiente, uno no encuentra a las personas gritando “te sobran, te faltan boletos”; aquí hay una ola de pakistaníes vendiendo latas de cerveza al grito de “¡cerveza,beer!”.  La caminata al recinto es de menos de cinco minutos. Al llegar hay que pasar revisión, pero sólo le echan un vistazo a la bolsa y nada más, sin necesidad de manoseos. Puedes entrar con comida sin problemas, pero no con bebidas. También puedes entrar con paraguas, mochilas y marihuana, todo aquello que en México no es permitido.

Primavera Sound le apuesta mucho a las bandas emergentes y prometedoras. En el Fòrum hay tres escenarios muy pequeños donde se puede descubrir alguna nueva banda interesante. Al momento de entrar, las bandas del escenario Sony Club se esfuerzan por levantar los ánimos de aquellos que comienzan las largas caminatas hacia los escenarios principales.

Caminando un poco más hacia el fondo está el escenario Ray-Ban con el mar de fondo, donde se aprovecha la forma de anfiteatro del recinto para disfrutar de los conciertos desde un asiento. Más abajo, pegado a la costa, está el escenario Pitchfork. Una caminata de cinco a diez minutos hacia el fondo te lleva a los dos escenarios principales: Sony y Heineken. A un lado está el mar y, al otro, la ciudad.

Lo primero que llama la atención son los precios. La única cerveza disponible es Heineken. Un vaso pequeño cuesta 3.5 euros, la botella, cinco (seis si la compras con el vendedor que anda entre la gente) y el litro, once. Las opciones de comida son muy variadas, pero todo cuesta arriba de cinco euros. Al momento no hay mucho problema y pagas, pero después llega el remordimiento: “¿siete euros por una hamburguesa? ¿Acabo de pagar 140 pesos por algo sencillo sin papas ni bebida?”. ¡Y ni pensar en la mercancía oficial! Una playera típica de Nine Inch Nails cuesta 30 euros.

El día jueves, primero del festival, comenzó con Wind Atlas en el escenario Pitchfork. Es una agrupación catalana nueva que tiene una propuesta muy diferente a lo que se escucha actualmente. La música es muy tranquila y oscura, mientras que la vocalista grita y canta algo que no se entiende.

Para continuar el día decidí caminar y quedarme entre la multitud de los escenarios Sony y Heineken. Ambos cuentan con una zona destinada para los poseedores de entradas VIP; al final de cuentas, los de seguridad se apiadan y todos gozamos de los beneficios, porque son muy pocos los que tienen ese tipo de entradas.

El ir y venir del Sony al Heineken se convirtió en mi rutina, por suerte y por comodidad. El primer día fue muy tranquilo y vi a Real Estate, Midlake, Warpaint, St. Vincent y Arcade Fire, aunque me perdí a CHVRCHES, Pond y Neutral Milk Hotel. Eso que dicen todas las bandas acerca de que el público mexicano es el mejor (en términos de emoción ante un concierto) es cierto. Las audiencias extranjeras son muy calmadas. Puedes pasar entre la gente y llegar tan adelante como te lo propongas. Lo más que hacen es bailar de momento, pero nada de empujones ni slam. Para mí, eso fue la mayor ventaja: puedes tener un buen lugar para cualquier banda.

Las 2:00 a.m. se convirtieron en la hora para comenzar a bailar. El jueves esto estuvo a cargo de Disclosure, quienes presentaron un set corto conformado por las canciones más conocidas.

El problema de que el festival termine tan tarde es el regreso a casa. El metro cierra a medianoche y abre a las 5:00 a.m. La última banda que vi el jueves fue Metronomy en el Ray-Ban, quienes terminaron a las 4:00 a.m., por lo que tuve que esperar casi hasta las 5:00 para salir y tomar el metro. Otro problema es el clima. Estar en la costa significa estar en donde más pega el aire frío; a partir de la medianoche todos sacan las bufandas y chamarras.

Subir al metro a primera hora es toda una hazaña. La gente llega a la estación desde las 4:00 y comienza a juntarse en las escaleras; es casi como entrar a metro Hidalgo en día 28, pero con seguridad y en orden.

Para el segundo día, el cansancio llega. Revisé los horarios y no había algo que realmente me interesara temprano, así que llegué a las 8:00 p.m., directamente a ver a HAIM. El clima hizo de las suyas y llovió muchísimo, además del frío. Afortunadamente, la lluvia se quitó a eso de las 8:30. Las hermanas HAIM demuestran cada vez mejor que saben lo que hacen y que lo hacen bien; tienen mucho carisma y ponen a todos a bailar. Después de HAIM comenzó la tranquilidad con Slowdive, quienes reunieron a una gran multitud; ni ellos lo podían creer.

La noche volvió a subir de tono con Pixies y un escenario repleto de aquellos que esperaban escuchar sus éxitos. Black Francis y compañía demostraron que los años no pasan y que aún son capaces de tocar veinticinco canciones de corrido y sin descanso. Terminando volví a cruzar al escenario Sony, ahora para ver a The National, quienes sorprendieron al tener de invitados a Justin Vernon, de Bon Iver y Volcano Choir, y a Paul Maroon y Hamilton Leithauser de The Walkmen.

El baile de las 2:00 a.m. estuvo a cargo de !!!, donde Nic Offer se encargó de mostrar sus mejores pasos de baile y contagiar su energía por todo el lugar. Finalmente, volví a terminar la noche y seguir bailando a las 3:00 en el Ray-Ban con Jagwar Ma.

El final del festival llegó el sábado. El clima mejoró bastante, pero seguía haciendo frío. Mi cuerpo pedía descanso a gritos y sacrifiqué algunas bandas por horas de sueño. Llegué a lo principal: Volcano Choir, Nine Inch Nails, FOALS y Cut Copy.

Quedé impresionada con lo buenos que es en vivo Volcano Choir, y ellos estaban impresionados con la cantidad de gente que se reunió a verlos. Chris Rosenau, guitarrista, no dejaba de contemplar a la gente y repetía: “somos una pequeña banda de Wisconsin, jamás imaginamos estar en Barcelona frente a ustedes”. El final de cada set es dramático, pero Justin Vernon enfatizó: “Es más dramático porque jamás nos volveremos a ver”.

La gente se juntó en el escenario Sony para lo más esperado: Nine Inch Nails. Pero decepcionó. El sonido falló del lado izquierdo y todos sufrían tratando de cubrir sus oídos porque había momentos donde los bajos eran un sonido insoportable. Otro punto en contra fue el humo: durante casi todo el set, las máquinas sacaban humo y no se podía ver casi nada. Algo similar pasó del otro lado del Fòrum, donde The War On Drugs tuvo que cancelar totalmente porque había demasiadas fallas técnicas.

FOALS presentó un set básico con las canciones más esperadas, lo cual dejó a todos con un buen sabor de boca. La mayoría de los asistentes decidió terminar la noche a las 3:30 a.m. con Cut Copy, quienes también estaban muy emocionados de ver a tantísima gente frente a ellos, con todas las ganas de bailar hasta el final.

La salida fue dramática. Sólo se veían los restos de basura y ya no se escuchaba el “cerveza,beer” por ningún lado. El metro estaba más atascado de lo normal, más hacia la dirección del centro. A la mera hora saqué mi mapa e improvisé un regreso por otra dirección, que implicaba un transborde más, pero salir de ahí y llegar a dormir es lo único que uno quiere después de tres noches continuas de música y baile.

primavera-12

REAL ESTATE

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FOALS

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NINE INCH NAILS

primavera-7

SLOWDIVE

primavera-8

HAIM

primavera-10

ST. VINCENT

primavera-11

WARPAINT

primavera-3

CUT COPY

primavera-6

PIXIES

primavera-9

ARCADE FIRE

Texto y fotografías por Mayte Piña

@Newo182