Cuando se alza el telón

Isa, la directora, no está conforme con la escenografía ni el vestuario. Acaba de tener una corazonada, una sensación de que no está haciendo lo correcto. Decide cambiar lo que llevan. “Manda todo al carajo”. En vez de grandes estatuas que representan la Roma imperial, prefiere tres escuetas columnas. Y, en contraste, “un texto maravilloso”; decide trabajar por y para el texto.

Como Isa, el personaje de Karina Gidi en Tercera llamada (2013), Francisco Franco realiza su segundo largometraje dándole prioridad al argumento; a la trama. Tras su ópera prima, Quemar las naves (2008), el director de teatro y egresado del CUEC mezcla sus dos pasiones: el cine y los escenarios teatrales.

Nominada a 7 Arieles para la ceremonia del próximo 27 de mayo, entre los que destacan los de dirección y sonido, Tercera llamada se unió a las propuestas del año pasado que fueron adaptadas de obras de teatro. Franco nos invita a conocer a fondo el teatro y sus bastidores. La cámara va delineando poco a poco cada uno de los rincones del Teatro Juan Ruiz de Alarcón y lo relaciona con los personajes y su sentir.

Más que una comedia, como quisieron promocionarla, la película tiene un tono tragicómico donde, al final lo más importante del relato es estrenar una obra; dar la tercera llamada. Quien tenga experiencia en el teatro lo entenderá, reirá y sentirá la presión. Quien no, también.

En la historia se repiten varios clichés de personajes: la chica tonta con ganas de triunfar, la directora que pierde la cabeza y trata de encontrarse a sí misma mientras monta una obra, la promesa actoral que tiene problemas de identidad y busca quitarse el peso de su madre. Si son lugares comunes es por algo: funcionan. A excepción de algunas secuencias, el humor está dosificado en toda la película y los actores están dirigidos de una manera muy natural; sin exagerar.

Pero lo más importante del filme es la comunión que logra con el teatro. No sólo es un largometraje basado en una pieza teatral (escrita por el mismo Franco), sino que retoma expresiones y lenguaje de teatro adaptado al cine. De esta manera, el recinto teatral y el teatro mismo se convierten en personajes de la historia.

Así como quien vive por el teatro se puede reinventar en cada ensayo, en cada función, Francisco Franco intentó reinventarse. Si lo logró o no será decisión del espectador.

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