Perdido en los sonidos: The War on Drugs

The War on Drugs

Lost in the Dream

Secretly Canadian; 2014

La exquisitez que suele ser escuchar el nuevo trabajo de una banda de la cual se espera mucho y es aclamada por medio planeta, es buena, sobre todo cuando no decepciona, pero, el hecho de esperar un trabajo que suele ser garantía, sea cual sea su manera de llegar, y lo allá escuchado quién lo haya escuchado, es simplemente formidable. Aunado esto, en el momento en que por fin logra entrar en tus oídos y simplemente te atrapa desde la primera pista, lo vuelve de lo mejor en el mundo.

El tercer disco de estudio de la banda oriunda de Philadelphia es extraordinario –no puedo decir más, ni menos-. Si bien es cierto que no propone nada nuevo, el construir todo un grandioso viaje musical que parece devenirse desde el título, es más que plausible, el trayecto que propone Adam Granduciel y compañía no es de esas cosas que llegan cualquier día (aunque podríamos escucharlo en cualquier momento), es claramente un trabajo pensado y que parece fue ejecutado dentro del estudio con una aspiración inalterable hacia la perfección.

Sin embargo me siento obligado a decir que debido a los sonidos tan conocidos que contiene el elepé, pudo haber llegado sin problemas desde hace 40 años o 30, 20, etc. y seguiría sin ser innovador; el punto que realmente es resaltable es la manera en la que lograron darle un sentido a lo que sucedió musicalmente hablando durante una década musical, combinando estilos, sonidos de algunos otros/as y sin perder ese toque tan suyo desde que Kurt Vile era parte de sus filas, y eso es, definitivamente algo que pocas bandas logran conseguir.

Debido a que es un trabajo por demás complejo, parecería lógico que el primer track se llamase “Under the Pressure”, pero más allá de que el nombre pueda ser influencia de algo –quizá Queen, los sonidos que trabaja y la tranquilidad de su manejo, se refleja a lo largo de sus casi 9 minutos de duración. Si conocen un poco de la banda, parecería que un avance lógico es “Red Eyes”, y aunque el álbum no depende en absoluto de ella, ni de ninguna, esa una de las canciones más fuertes y sin duda el enganche principal.

Reminiscencias de Springsteen, Tom Petty, Sonic Youth y Dylan son indudables, pero la mutabilidad que se da a lo largo de cada tema y el desenvolvimiento de grandeza a su vez, es parte fehaciente del álbum, himnos que podrían serlo si se llegase a considerar que no todo lo “nuevo” es mejor.

Sería difícil decidir si es el álbum más destacado de la banda, pero sin cuestionamientos es uno de los altamente destacados en lo que va del año; la catarsis y ese mimetismo que genera ante el escucha es independiente del mood en que te encuentres; resulta innegable que Adam da una clara pauta a lo largo y ancho del álbum, pauta que viene de una persona que ha dado todo por perdido pero que aún así ama la música y hará de todo porque suene a ese sueño que está dentro de sí.

Lo recomendable: “Red Eyes”, “Eyes to the Wind” y “Burning”.

Those who fear music are dangerous || CDMX || Periodista musical

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