¡Ska, ska, ska! (for dummies)

No cabe duda que el ska es un género muy conocido y popular en nuestro país y el resto de Latinoamérica. Festivales como el ya longevo Vive Latino incluyen cada año en su cartel diversos grupos de este tipo de música, principalmente de Argentina (Los Fabulosos Cadillacs, Los Auténticos Decadentes, Los Caligaris) o de nuestro país (Panteón Rococó, Maldita Vecindad, Inspector).

Sin embargo, aunque este tipo de expresiones por momentos parezcan representar una buena parte de la identidad del joven mexicano y latino, el origen del ska es bastante diferente. Un ritmo de origen más bien afro-caribeño, que nació con el propósito de hacer bailar a la gente más que ponerlos a golpearse con codos y rodillas. Su adopción en esta parte del mundo obedece a un proceso histórico que llegó a nosotros en lo que los especialistas señalan como su tercera etapa.

Las composiciones musicales son expresiones estéticas, pero no todo surge como por arte de magia de la mente y el corazón de sus creadores. La música, sus diferentes expresiones y todo lo que la rodea también pueden verse como resultado de un proceso, donde las condiciones sociales, económicas y culturales influyen en el nacimiento de nuevos ritmos y estilos. El ska no es la excepción.

La historia de este género comienza en la ciudad de Kingston, Jamaica, durante los años cincuenta. Los jamaiquinos comenzaban a trasladarse poco a poco del campo a la ciudad, como lo hacían las personas en casi todo el mundo. Fue en este tiempo cuando surgieron los sound system, viejas camionetas destartaladas con primitivos y ruidosos equipos de sonido que se instalaban en las plazas públicas. Desde ahí, los DJ hacían sonar los últimos éxitos de jazz, soul y rhythm & blues provenientes de los Estados Unidos.

Los DJ de sound system más conocidos en ese entonces se llamaban Duke Reid, Clement “Coxsone” Dodd y Cecil Bustamante, mejor conocido como Prince Buster (todos ellos posteriormente convertidos en figuras vitales para el desarrollo del ska como productores y cantantes). ¿Y por qué tocaban música estadounidense? Simplemente porque no había de otra, ya que la industria musical de Jamaica era prácticamente inexistente. Condiciones culturales, ¿recuerdan? La competencia era tal que surgieron los “Dance Crashers”, una especia de matones enviados a causar todo tipo de destrozos a los sound system enemigos.

En 1958, el panorama cambió cuando Edward Seaga, futuro primer ministro de Jamaica, fundó la West Indian Records Limited. Un año después, los ya mencionados Duke Reid y Clement Coxsone iniciarían sus propios sellos (como una oportunidad de tener material exclusivo para sus sound system): Treasure Isle y Studio One. Nacía una incipiente, aunque próspera, industria musical jamaiquina.

Imposible describir con palabras lo que se percibe en un momento justo, cuando un sinfín de elementos de todo tipo confluyen en un sólo punto para dar nacimiento a algo nuevo, híbrido y heredero de todo aquello que le dio existencia. Los músicos de Kingston, aficionados al jazz y el rhythm & blues de Estados Unidos, comenzaron a experimentar con estos ritmos y los propios de su tierra, como el mento y el calipso, al mismo tiempo que buscaban la comercialidad y el gusto de la gente y seguían las tendencias que marcaban los sound system.

De estas fusiones nació un nuevo sonido que, como deben suponerlo, se llamó ska. El origen del término es incierto, sin embargo, el más aceptado tiene una cualidad onomatopéyica. Dejemos que Derrick Morgan lo explique: “Guitarra y piano haciendo un sonido como ‘ska, ska, ska’, eso es por lo que lo llamamos Ska.” Ahora abran su reproductor y pongan su canción de ska favorita. Escuchen la guitarra y el piano. Reproduzcan el sonido con su boca y digan: “ska, ska, ska,”. ¿Les suena? Versiones más, versiones menos, yo creo que sí.

Con el simple cambio de tiempos a contratiempos nació un nuevo ritmo que se popularizó rápidamente en Jamaica. Nombres importantes de esta primera etapa: The Skatalites, Prince Buster, Derrick Morgan, The Wailers, Desmond Dekker, Laurel Aitken y Alton Ellis. El ska inmediatamente se convirtió en la música representativa de Jamaica y canciones como “Forward March” de Derrick Morgan y “Freedom Sound” de The Skatalites sirvieron como soundtrack para la independencia de la isla caribeña del Reino Unido en 1962.

Después de tanto hablar de los orígenes, veamos qué pasó en la segunda etapa. Durante los años setenta, miles de jamaiquinos viajaron a Inglaterra (de quien se habían independizado) en busca de trabajo. Estos eran llamados rudeboys y, naturalmente, escuchaban ska. Éste se mezcló con el punk y se tornó más rápido y contundente, adquiriendo también la actitud anti-sistema/do it yourself de dicha ideología. Toda va cobrando sentido, ¿no?

A finales de los setenta y principios de los ochenta, la disquera inglesa Two Tone (fundada por Jerry Dammers) daría a conocer, con gran éxito, varios grupos con las características arriba mencionadas. Nombres importantes y famosos: Madness, The Specials, The Selecter y Bad Manners. En resumen, la segunda etapa es representada por un ska muy inglés y más rápido y contundente.

La tercera y (hasta ahora) última etapa es la más conocida en México y Latinoamérica. Ahora no fue la inmigración lo que llevaría el ska a otros países, sino la creciente industria musical, que, con ayuda de los también crecientes medios de comunicación, tendría un alcance global. Con su incursión masiva en regiones como Latinoamérica, el ska sufrió una nueva serie de fusiones, ahora con los ritmos propios de cada país. Fue así que surgió el sonido característico de los ya mencionados Cadillacs, Decadentes, Rococós y demás. En otros países como Japón (¡!) también penetró este género, con la Tokyo Ska Paradise Orchestra como máximo exponente desde 1985.

Y ésta, a muy, muy grandes rasgos, es la historia del ska; desde su origen en Kingston donde surgió como combinación de los ritmos estadounidenses y jamaiquinos, pasando por su revival británico, hasta su explosión en todo el mundo, principalmente Latinoamérica, donde ahora escuchamos combinaciones de ska con ritmos tan diferentes como cumbia, danzón o tango. Sí, al final la música es un reflejo del interior de su creador; sin embargo, no hay que dejar de lado los factores sociales, que desencadenan procesos y definen el rumbo que puede, o no, tomar la música. Y, ahora sí: ¡ska, ska, ska!

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