No todo el pop es color de rosa: Depeche Mode

La sinestesia es una “enfermedad” o condición que produce en el individuo la interferencia de dos o más sentidos en un mismo acto de percepción. Es decir, los cables se cruzan y los sentidos se mezclan unos con otros. De esta forma, una persona con sinestesia tiene la fortuna y maldición de poder ver sonidos, escuchar colores, degustar texturas u oler sabores. No es una simple asociación de significados y significantes, sino sensaciones reales. Cosa seria, ya que el sensorio es la única forma que tenemos de percibir el mundo, y, aunque suene bastante atractivo eso de ver sonidos, no creo que un sinésteta opine lo mismo.

Eso no nos impide preguntarnos qué tipo de colores se desplegarían ante nuestros ojos al escuchar diferentes estilos musicales. Imaginen el caleidoscopio psicodélico que nos regalaría una buena canción de Jimi Hendrix; o los tonos metálicos brillantes que observaríamos al escuchar a Kraftwerk. ¿Qué color tendría el pop? Seguramente uno rosa con destellos morados o amarillos, todos en tonos pastel. Aunque, si nos remontamos a los ochenta y noventa, podemos encontrar bandas que provocarían una visión de sonidos de un color poco asociado con este tipo de música: el negro.

Una de estas agrupaciones es el ya clásico trío de synthpop Depeche Mode. Cabe aclarar que esta banda inglesa no siempre se compuso de tres personas. Y tampoco fueron siempre oscuros. En sus inicios, los Depeche también debieron haber provocado visiones de color rosa y amarillo en los sinéstetas, sobre todo con sencillos como “Just Can’t Get Enough” y “New Life”. Mucho baile, diversión y letras sobre no poder controlar el enamoramiento. Definitivamente, rosa.

El agente generador de este color se llama Vince Clarke, miembro fundador de la banda junto con Dave Gahan, Martin L. Gore y Andrew Fletcher. Clarke fue el principal compositor de las canciones que conforman el álbum debut de Depeche Mode, Speak & Spell, lo que se nota en el tono más ligero que contrasta con el resto de su discografía. La banda lanzó este primer disco en octubre de 1981 e inmediatamente consiguió un gran éxito en la escena musical de su país.

Durante la gira promocional, Clarke mostraba su inconformidad con la dirección que tomaba la banda. Según él, ya no había tiempo para hacer nada con todas las entrevistas y sesiones de fotos que tenían programadas. Cansado de la fama y los constantes viajes, Clarke anunciaba su retiro de Depeche Mode en noviembre de 1981, únicamente un mes después del lanzamiento de Speak & Spell. Un mes rosa que terminó en separación. Y, aunque el método “un clavo saca otro clavo” no siempre trae los mejores resultados en el amor, en las agrupaciones musicales resulta incluso necesario para la supervivencia.

Fue así que, a la salida de Clarke, los miembros restantes publicaron un anuncio anónimo en la revista Melody Maker. Éste decía: “”Name band, synthesise, must be under twenty-one.” El tecladista Alan Wilder respondió al llamado, y, para enero de 1982, fue contratado como músico adicional para la gira de Depeche Mode (a pesar de tener 22 años). Posteriormente, fue nombrado director musical de la banda, siendo responsable del sonido de ésta hasta 1995.

¿Y qué pasó con los colores de Depeche Mode? Bueno, definitivamente se modificaron. Martin L. Gore tomó las riendas del caballo creativo de la banda y se convirtió en el principal compositor. El recién llegado Wilder se encargaría del sonido, de la dirección y tonalidad que tomarían los colores de la banda. Como diría el productor Flood: “Alan es algo así como el artesano, Martin es el hombre de las ideas y Dave es la actitud”. Por su parte, Vince Clarke formaría Yazoo con Alison Moyet, para posteriormente fundar Erasure con Andy Bell. Y el color rosa seguiría emanando de sus teclados.

A Depeche Mode le costaría tiempo y esfuerzo quitarse este color que Clarke había pintado en la piel de la banda desde su nacimiento. No es fácil desprendernos de nuestros orígenes y los cambios radicales muchas veces no son agradables ni productivos. Por eso, el cambio en la tonalidad del sonido de Depeche Mode fue gradual. A Speak & Spell le siguió A Broken Frame, grabado post-Clarke y pre-Wilder. Compuesto en su totalidad por Martin L. Gore, en este álbum sigue predominando el color rosa, aunque, en vez de pastel, se escucha más fosforescente. Las letras melosas siguen presentes en canciones como “See You”.

Con el paso de los años, el sonido de Depeche Mode se tornaría cada vez más oscuro. A los dos primeros álbumes, seguirían cuatro clásicos del pop ochentero: Construction Time Again, Some Great Reward, Black Celebration y Music for the Masses. De igual forma, los colores se irían opacando con el tiempo, pasando del rosa pálido al naranja y de ahí al rojo. Para 1990, año en que se editó Violator, el color de la banda era rojo sangre. El color rosa había desaparecido para no regresar nunca. Y ahí estaba el cuarteto inglés, con letras cada vez más introspectivas y un sonido cada vez más alejado de los sentimientos “bonitos”.

En 1993 llegaría Songs of Faith and Devotion, un disco de tonalidades moradas y negras, iguales a las mostradas en su portada. Al mismo tiempo, estos colores se reflejaban en la vida del vocalista Dave Gahan, quien se había tomado bastante en serio eso de buscar el lado oscuro. Recurrente adicto a la heroína, Gahan tendría ese mismo año su primer coqueteo con la muerte, al sufrir un ataque al corazón en pleno concierto. Los doctores le recomendaron tomar un descanso de la gira, consejo que el cantante rechazó rotundamente.

Dos años después, en 1995, Dave Gahan cometería intento de suicidio al cortarse las venas. Pero el lado oscuro sería alcanzado en plenitud el 28 de mayo de 1996. En esa fecha, Gahan fue presa de una sobredosis de speedball (mezcla de heroína, cocaína y morfina en una sola jeringa), lo que provocó que su corazón se detuviera por dos minutos, hasta que fue reanimado por los paramédicos. Dos minutos muerto, y el hombre sigue caminando entre nosotros. Sus palabras sobre la experiencia: “Todo lo que vi y sentí en principio fue una completa oscuridad. Nunca había estado en un espacio que fuera más negro, y recuerdo haber sentido que fuera lo que fuera que estaba haciendo, estaba realmente mal”. Negro.

Negro. Fue el color que tenía Ultra, disco que fue lanzado en 1997, ya sin Alan Wilder, una vez que Gahan completó su rehabilitación. El más negro de los negros, que no abandonaría nunca más el sonido de Depeche Mode (si no me creen, échenle un oído a Playing the Angel, de 2005). Aunque la calidad y el impacto de Depeche Mode han decrecido con el paso de los años, siempre vale la pena revisar su discografía para recordar que, en la vida como en la música, no todo es color de rosa.

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